Ene 16, 2025
(Víctor Malumián, en El destino de una caja; Gris tormenta, 2024, tomado de Lasai Blog)
Por cada ejemplar de un libro que se vende, hay otro que no se venderá. Las librerías o las grandes superficies lo devuelven a la editorial, y en poco tiempo se destruyen los sobrantes y el libro ya no se podrá conseguir. Por lo menos es así en nueve de cada diez títulos publicados, y muy especialmente en los libros más comerciales. Quien quiera leer alguno de estos nueve un tiempo después, tendrá que hacerlo en la edición electrónica.
La sobreproducción es una estrategia que toda la información que del algoritmo no ha podido modificar, y la mejor prueba de ello es que se sigue acudiendo al viejo método de prueba y error.
Hay varias cosas atroces en esta cuestión
La primera es que el lector, al comprar un libro tiene que pagar también el ejemplar que no se venderá. Lo que implica que, al precio que podría venderse un libro, se le agregan los costes del otro, más los gastos de distribución, devolución, almacenaje y finalmente destrucción, que suman más que el coste de fabricación. Todo lo paga el lector, y eso es debe a una estrategia comercial de la que desde hace décadas no se ha podido salir.
“La sobre producción en especial es en sí un instrumento de ocupación del terreno” (Thierry Discepolo, La traición de los editores, Trama editorial).
La otra cuestión es ¿por qué, pese a que terminan sobrando tantos libros, cada año aumenta el número de títulos publicados?: porque cada vez se venden menos ejemplares de cada título.
“En los últimos años el número de títulos publicados cada año se ha duplicado, compensado por tiradas dos veces menores y dos veces menos ventas”. (Héléne Ling, Inès Sol, El fetiche y la pluma. Literatura y edición en el capitalismo tardío. Trama editorial).
La última atrocidad es la destrucción de los ejemplares invendidos. Habiendo tanta necesidad de libros en colegios de zonas aisladas, en países pobres, y tanta gente que querría leer, pero no puede comprar, parece perverso que tantos libros se convierten en pasta de papel. Se destruyen por una razón: porque cuesta mucho menos que enviarlos como donativo a quienes los necesitan. ¿Deberían los estados -me refiero en especial a los pudientes- hacerse cargo de esto? Difícil, en tiempos en que la tendencia es reducir el estado a su mínima expresión. Si las editoriales tuvieran que hacerlo, se encarecería más aún el precio de venta. Todos los costes y los gastos de una editorial, siempre los paga el lector al comprar un libro.
Algo pareciera no estar bien.
Ene 4, 2025
Llevo tiempo trabajando en un texto que, desde el comienzo, pensé titular “Todo autor necesita un editor”.
Estoy reuniendo situaciones de diversas épocas y culturas, en las que el trabajo conjunto de autor y editor resultó esencial para lograr publicar manuscritos que, muchas veces, terminaron siendo clásicos del siglo veinte. Esta interlocución creativa, rigurosa y nada intervencionista entre el editor y el autor, ofrece una posibilidad excepcional que solo se puede entender leyendo a quienes han atravesado la experiencia y la contaron.
Sigo trabajando en ese texto, pero mientras, me reencontré con un texto que merece la pena comentar: la conferencia magistral del editor italiano Roberto Calasso (1941-2021), ofrecida en 2004 en el Foro Internacional de Editores de la feria del libro de Guadalajara, titulada “La edición como género literario”. Está incluida en el libro La marca del editor, publicado por Anagrama. Es un texto para escritores, más que para editores. Después de leerlo se podrá entender por qué estoy tan convencido de que un escritor debe tratar de publicar en una editorial tradicional-
Un párrafo de muestra de la conferencia de Calasso:
“La respuesta a la pregunta ¿qué es una editorial? sería: se trata de un ramo secundario de la industria en el cual se trata de hacer dinero publicando libros. Si la pregunta fuera ¿qué es una buena editorial? la respuesta sería: la que se supone que publica, dentro de lo posible, solo buenos libros, o sea libros de los que el editor pueda estar orgulloso, y no avergonzarse de ello”
Dic 10, 2024
Las grandes editoriales -con apoyo del algoritmo- clasifican las novelas en «literarias» o «comerciales», una decisión que afectará a todo el proceso del libro, desde la edición y el diseño hasta la promoción y la distribución. Como el éxito no es previsible, cualquier fracaso será un problema futuro para el autor.
Los riesgos de etiquetar
En las editoriales grandes las novelas se dividen en dos categorías: «literaria» o «comercial». Esta clasificación se hace para trabajar cada libro dentro de un determinado protocolo, diseñado en función del lector previsto (o “Público Objetivo”), lo que implica edición del texto (dificultad del lenguaje estructura, protagonistas, etc.), el diseño gráfico y la comercialización. Hasta la tipografía de la portada es especial. El protocolo que se aplique también determinará la distribución. No todos los libros se envían a las mismas librerías, ni a otros puntos de venta.
Decidir si una novela es literaria o comercial no es algo trivial, ya que al hacerlo se está decidiendo también la inversión a realizar: tiraje, promoción y publicidad, todo lo que lleva directamente a la cantidad de ejemplares que habrá que vender para que el proyecto sea económicamente exitoso.
Si la novela se considera “comercial”, se pagará a influencers y booktubers para promoverla, se contratarán buenos espacios de exhibición en las grandes librerías y cabeceras de góndola en los supermercados, para lo que se necesitará varios miles de ejemplares.
Un lanzamiento comercial genera una expectativa de ventas que, aunque parezca garantizada, muchas veces no se cumple, en cuyo caso el libro en pocas semanas desaparecerá, reemplazado por la apuesta siguiente, y los ejemplares invendidos serán convertidos en pulpa de papel. Una novela comercial que no funcionó, no tiene segunda oportunidad.
Si una novela “literaria”, por ejemplo, vende 2.000 ejemplares, se considerará un gran éxito, pero si una novela “comercial” vende 5.000 será un fracaso, y eso se trasmite sin necesidad de decirlo: el libro desaparece de los lugares privilegiados de exhibición y ya no hay ninguna promoción. Para el autor, quedar marcado tan arbitrariamente -solo por la venta- como un éxito o un fracaso será determinante para su futuro. Si ha sido un éxito, tendrá una enorme presión para que siga con lo mismo que le hizo triunfar, y si fue un fracaso, no le será fácil encontrar otra editorial.
La rebelión de los lectores
Aunque estas decisiones se toman en base a mucha información algorítmica, las expectativas no siempre se cumplen porque los lectores son gente un poco rara, que no responden a las pautas indicadas por los algoritmos, y a veces tienen reacciones imprevistas que pueden sorprender. Por eso de vez en cuando una novela que se suponía destinada a ser un gran éxito comercial no se vende, y otra que se consideraba dirigida a un público restringido, de manera inexplicable tienen un éxito arrollador. Se los llama “best sellers imprevistos”, y resulta que son casi la mitad de los libros que aparecen en las listas de más vendidos. La dificultad para predeterminar qué querrán los lectores es algo habitual cuando se trabaja con un producto cultural.
“¿Cómo prever un éxito? es imposible”
(Pilar Alvarez, editora de Alianza, en Letra Global, 8.12.2024).
El editor ¿curador o algoritmo?
En el sigo veinte los editores eran llamados los gatekeepers (guardabarreras) de la literatura, porque decidían qué obras merecían ser publicadas y cuáles no. Los lectores, obviamente, solo podían leer lo que se publicaba. No hay forma de saber qué maravillas literarias (o comerciales) podría haber en todo lo que no se publicó.
Las editoriales, conscientes de la importancia de estas decisiones, tenían un importante “comité editorial”, integrado por gente muy calificada, que decidía qué se publicaba y qué no. Las que tienen (o han tenido) un catálogo sólido y coherente, construyeron así la confianza y lealtad de sus lectores, un valor fundamental que, sin embargo, no se refleja en la contabilidad.
Cuando en una de estas editoriales cambia la propiedad, suele suceder que se pierde rápidamente ese valor, no porque sea intencional, sino porque esa “curaduría” se despersonaliza y tiende a desaparecer. El traspaso de la decisión editorial del editor o del comité editorial a uno de marketing, pese a que este decide en base a la información generada por datos de millones de lectores (el bendito algoritmo) no siempre sale bien. Pareciera que las decisiones tomadas con algoritmos no tienen más porcentaje de éxitos que el antiguo olfato del editor.
“El verdadero editor -dado que esos seres extraños todavía existen- no razona nunca en términos de literario o comercial. En todo caso, en los viejos términos de bueno y malo”. (Roberto Calasso, La marca del editor. Anagrama).
El surgimiento y el éxito de tantas pequeñas editoriales independientes en todo el mundo parece ser una respuestaa la automatización. Las decisiones se toman de forma muy personal, los editores no “consultan al mercado” ni les interesa saber qué dice el algoritmo. Quieren ofrecer a los lectores algo diferente, no lo que ya funcionó.
Lo mismo sucede con las librerías independientes, gestionadas por libreros y libreras vocacionales, que leen y mantienen un diálogo directo con los lectores. Son librerías que -a diferencia de las grandes cadenas- no venden los espacios de exhibición, y eso les permite decidir qué libros ofrecer, convirtiéndose así en prescriptores con mucha más influencia que los influencers.
Nov 30, 2024
En el mundo de los negocios invertir en el desarrollo futuro es esencial. En el de la cultura también. Es demasiado elemental confundir gasto con inversión.
Así como una petrolera que quiere mantener su producción debe invertir en explorar nuevos yacimientos, y los laboratorios farmacéuticos deben investigar para desarrollar nuevos medicamentos, las industrias culturales también necesitan hacerlo. En los festivales de cine, más allá del brillo de la alfombra roja, se forjan acuerdos esenciales de coproducción y distribución para la circulación internacional de películas o series, generando un ingreso de divisas significativo para el país productor. Así se compensa con creces las inversiones previas recibidas de organismos oficiales que facilitaron la producción.
De manera análoga, las editoriales y los escritores que participan en ferias del libro gracias al apoyo del estado no solo asisten a un evento festivo, que es lo que los medios suelen mostrar, sino que es dónde se negocia lo que vendrá después: exportación de libros, ingreso de divisas, y compraventa de derechos de autor.
Estas ferias permiten que editoriales de otros países e idiomas contraten para publicar obras de todo tipo de autores, anticipándose a la publicación. Ningún tipo de producción cultural local puede prescindir de referentes, ni es independiente de las tendencias universales. Algunos libros serán grandes descubrimientos literarios, otros best seller de venta excepcional, todos los países necesitan las dos cosas. Con unos la sociedad crece culturalmente, con otros se gana dinero, algo que necesitan todos los autores para que las editoriales les paguen mejor, y los libreros para pagar el alquiler.
Si no se hacen los acuerdos que se concretan en este tipo de eventos (una parte esencial de los mismos, que nunca aparece en los medios), se pierden posibilidades futuras para las editoriales, librerías, escritores y toda la cadena de profesionales que garantizan la calidad de un libro.
El Costo de la Ausencia
Cuando un estado retira los apoyos a la participación (que suele ser costosa), de su país, está dejando el terreno libre a la competencia, que capitaliza las mejores oportunidades. No es un verdadero ahorro, ya que esto se convierte así en un boomerang que repercutirá negativamente a corto plazo. La ausencia en estos eventos debilita no solo el año siguiente, compromete la sostenibilidad cultural y económica a largo plazo. Lo que se construyó con una participación durante veinte o treinta años consecutivos, se puede destruir en uno solo.
La política de austeridad en la cultura parece un tango de Discépolo. Las decisiones, sin duda tomadas por funcionarios que creen que una feria o un festival solo es la imagen glamorosa que se ofrece a los medios, ignoran la trama compleja y vital que sustenta estos eventos, aunque no se ven. No asistir hoy significa debilitar mañana, y no en un sentido figurado o distante, sino en un futuro inmediato y tangible.
Cuando las consecuencias de tales decisiones se manifiesten, el único recurso será importar libros y películas de países que no interrumpieron su producción, lo que no solo debilitará la identidad nacional, sino que deteriora la educación y aumenta la ignorancia de la población, lo que incluye a las élites que en el futuro deberán gobernar. Además, para importar hay que tener divisas para pagar, y estamos recortando las posibilidades de obtenerlas.
Ignorar las grandes ferias y festivales es sabotear cualquier proyecto de nación, llevando a un país hacia una crisis cultural y económica de difícil reversión.
Nov 15, 2024
La cuestión sobre si es posible predecir el éxito de un libro se vuelve especialmente relevante en una era donde el algoritmo y la Inteligencia Artificial parecen capaces de todo. En el mundo editorial, siempre se ha defendido que el éxito es impredecible, un concepto respaldado tanto por los ejecutivos de las editoriales más grandes como por los editores literarios más prestigiosos.
Esta imprevisibilidad parece inquietar a los neurocientíficos que trabajan para el consumo, y a los nuevos especialistas en “neuropublishing” que buscan aplicar modelos masivos de consumo a la literatura. Sin embargo, al igual que otros esfuerzos, es probable que este enfoque también enfrente la realidad de que los productos culturales dependen de su singularidad. Predeterminar el éxito de un libro es complicado: los intereses genuinos de los lectores suelen ser impredecibles y las reacciones de los medios y las redes sociales, igualmente cambiantes.
A menudo, ocurre que un libro del que se esperaba poco termina vendiendo millones de ejemplares en múltiples idiomas. Los analistas que lo habían descartado lo considerarían un “error”, mientras que los editores seguramente lo ven como un acierto emocionante.
Para ilustrar la imprevisibilidad del éxito, basta observar el modelo de las grandes editoriales, que publican hasta 50 novedades mensuales en cada país donde operan. Aplican el primitivo método del acierto y error. La realidad es que solo uno de cada diez títulos tiene éxito comercial, mientras los demás tienden a desaparecer rápidamente. Si el éxito fuera predecible, estas editoriales reducirían su producción a uno dos libros al mes, ahorrando costos y aumentando sus ganancias, haciendo realidad el sueño de los accionistas. Hasta el momento, ninguna herramienta ha logrado predecir el éxito con precisión.
Esto no significa que la Inteligencia Artificial no tenga su utilidad, pero prever los gustos de los lectores sigue siendo una tarea muy difícil.
El periodista Antonio Martínez Ron publicó en eldiario.es el 7 de septiembre de 2024 un artículo titulado «¿Qué determina el éxito de una novela, una película o una serie?», donde menciona a un grupo de investigadores de la Universidad de Toronto que analizaron narrativas de 30.000 películas, programas de televisión, novelas y campañas de recaudación de fondos en internet. Los resultados, curiosamente, terminan confirmando las intuiciones del escritor Kurt Vonnegut, quien hace treinta años, en sus cursos de escritura, expuso con humor una teoría del éxito basada en el análisis de 1,700 novelas. Vonnegut bromeaba al decir que no había razón para que las computadoras no pudieran analizar estas formas tan «preciosas»; sin embargo, él mismo advertía a sus alumnos que no aplicaba estos criterios al escribir sus novelas.
¿Será este el secreto de la literatura? ¿La singularidad e imprevisibilidad que ninguna herramienta ha logrado reemplazar?
El estudio de la Universidad de Toronto, publicado en Science Advances, concluye de manera reveladora: “A pesar de milenios de teorías, ha sido difícil predecir empíricamente qué hace que una historia tenga éxito”. El análisis omite un detalle crucial: del otro lado de la página, o del dispositivo, siempre hay un lector humano, con reacciones que escapan a cualquier predicción.
Nov 1, 2024
Latinoamericanos y españoles tenemos a Francia como modelo cultural y editorial. Sin embargo es impresionante leer qué opinan los escritores franceses. Existe allí un barómetro que lleva la SGDL (Société des Gens de Lettres), la asociación gremial a la que pertenece la mayoría de los escritores.
Esta es una síntesis de la encuesta del año 2023:
El trabajo de la editorial:
77% declara tener relaciones no satisfactorias con su editorial
33% no está satisfecho con los contratos que les proponen
44% no está satisfecho con la distribución de sus libros
58% no está satisfecho con la promoción
44% no está satisfecho con las liquidaciones y el pago de los derechos
Promoción y Redes Sociales
62% de los autores son presentados al público solo a través de las Redes
87% a través de Facebook, 55% a través de Instagram
34% lo gestiona completamente el autor
La situación financiera
49% de los autores sufren un deterioro de sus ingresos año con año
Los derechos de autor representan menos del 25% de su ingreso anual
Los contratos
49% de los autores necesitan un asesoramiento profesional externo para entender los contratos que les proponen.
Los anticipos y las liquidaciones
30% de los autores no perciben anticipos
55% de los autores deben reclamar a las editoriales para que les envíen las liquidaciones
48% de los autores estiman que las rendiciones de cuentas no son claras
93% de los autores no tienen información sobre la venta de sus libros hasta recibir la liquidación.
56% de los autores tienen que reclamar el pago a la editorial
Los derechos derivados gestionados por la editorial
60% de los autores cuya obra se ha traducido y publicado en otros idiomas, no cobran nunca los derechos que les corresponden
20% de los autores no son informados de que su libro fue publicado en otro idioma
Fuente: https://www.sgdl.org
Tengo más de cincuenta años de frecuentar librerías, y nunca se me ha acercado nadie —librero (independiente o no) o…
Otra vez da en la tecla. Deja una flecha en el aire. Muchas gracias.
Guillermo, estas reflexiones son una luz en la búsqueda de lectorado. Muy interesante y a tener en cuenta. Me viene…
¡Gracias! Como siempre, mucho y bueno por aquí. Buscaré los libros que menciona. Curioso el asunto con los medios sociales…
Muchas gracias, Willie, por tu posteo y la recomendación de artículos y págias web. Creo que pronto voy a tener…