Las grandes editoriales -con apoyo del algoritmo- clasifican las novelas en «literarias» o «comerciales», una decisión que afectará a todo el proceso del libro, desde la edición y el diseño hasta la promoción y la distribución. Como el éxito no es previsible, cualquier fracaso será un problema futuro para el autor.
Los riesgos de etiquetar
En las editoriales grandes las novelas se dividen en dos categorías: «literaria» o «comercial». Esta clasificación se hace para trabajar cada libro dentro de un determinado protocolo, diseñado en función del lector previsto (o “Público Objetivo”), lo que implica edición del texto (dificultad del lenguaje estructura, protagonistas, etc.), el diseño gráfico y la comercialización. Hasta la tipografía de la portada es especial. El protocolo que se aplique también determinará la distribución. No todos los libros se envían a las mismas librerías, ni a otros puntos de venta.
Decidir si una novela es literaria o comercial no es algo trivial, ya que al hacerlo se está decidiendo también la inversión a realizar: tiraje, promoción y publicidad, todo lo que lleva directamente a la cantidad de ejemplares que habrá que vender para que el proyecto sea económicamente exitoso.
Si la novela se considera “comercial”, se pagará a influencers y booktubers para promoverla, se contratarán buenos espacios de exhibición en las grandes librerías y cabeceras de góndola en los supermercados, para lo que se necesitará varios miles de ejemplares.
Un lanzamiento comercial genera una expectativa de ventas que, aunque parezca garantizada, muchas veces no se cumple, en cuyo caso el libro en pocas semanas desaparecerá, reemplazado por la apuesta siguiente, y los ejemplares invendidos serán convertidos en pulpa de papel. Una novela comercial que no funcionó, no tiene segunda oportunidad.
Si una novela “literaria”, por ejemplo, vende 2.000 ejemplares, se considerará un gran éxito, pero si una novela “comercial” vende 5.000 será un fracaso, y eso se trasmite sin necesidad de decirlo: el libro desaparece de los lugares privilegiados de exhibición y ya no hay ninguna promoción. Para el autor, quedar marcado tan arbitrariamente -solo por la venta- como un éxito o un fracaso será determinante para su futuro. Si ha sido un éxito, tendrá una enorme presión para que siga con lo mismo que le hizo triunfar, y si fue un fracaso, no le será fácil encontrar otra editorial.
La rebelión de los lectores
Aunque estas decisiones se toman en base a mucha información algorítmica, las expectativas no siempre se cumplen porque los lectores son gente un poco rara, que no responden a las pautas indicadas por los algoritmos, y a veces tienen reacciones imprevistas que pueden sorprender. Por eso de vez en cuando una novela que se suponía destinada a ser un gran éxito comercial no se vende, y otra que se consideraba dirigida a un público restringido, de manera inexplicable tienen un éxito arrollador. Se los llama “best sellers imprevistos”, y resulta que son casi la mitad de los libros que aparecen en las listas de más vendidos. La dificultad para predeterminar qué querrán los lectores es algo habitual cuando se trabaja con un producto cultural.
“¿Cómo prever un éxito? es imposible”
(Pilar Alvarez, editora de Alianza, en Letra Global, 8.12.2024).
El editor ¿curador o algoritmo?
En el sigo veinte los editores eran llamados los gatekeepers (guardabarreras) de la literatura, porque decidían qué obras merecían ser publicadas y cuáles no. Los lectores, obviamente, solo podían leer lo que se publicaba. No hay forma de saber qué maravillas literarias (o comerciales) podría haber en todo lo que no se publicó.
Las editoriales, conscientes de la importancia de estas decisiones, tenían un importante “comité editorial”, integrado por gente muy calificada, que decidía qué se publicaba y qué no. Las que tienen (o han tenido) un catálogo sólido y coherente, construyeron así la confianza y lealtad de sus lectores, un valor fundamental que, sin embargo, no se refleja en la contabilidad.
Cuando en una de estas editoriales cambia la propiedad, suele suceder que se pierde rápidamente ese valor, no porque sea intencional, sino porque esa “curaduría” se despersonaliza y tiende a desaparecer. El traspaso de la decisión editorial del editor o del comité editorial a uno de marketing, pese a que este decide en base a la información generada por datos de millones de lectores (el bendito algoritmo) no siempre sale bien. Pareciera que las decisiones tomadas con algoritmos no tienen más porcentaje de éxitos que el antiguo olfato del editor.
“El verdadero editor -dado que esos seres extraños todavía existen- no razona nunca en términos de literario o comercial. En todo caso, en los viejos términos de bueno y malo”. (Roberto Calasso, La marca del editor. Anagrama).
El surgimiento y el éxito de tantas pequeñas editoriales independientes en todo el mundo parece ser una respuestaa la automatización. Las decisiones se toman de forma muy personal, los editores no “consultan al mercado” ni les interesa saber qué dice el algoritmo. Quieren ofrecer a los lectores algo diferente, no lo que ya funcionó.
Lo mismo sucede con las librerías independientes, gestionadas por libreros y libreras vocacionales, que leen y mantienen un diálogo directo con los lectores. Son librerías que -a diferencia de las grandes cadenas- no venden los espacios de exhibición, y eso les permite decidir qué libros ofrecer, convirtiéndose así en prescriptores con mucha más influencia que los influencers.
si el escritor es un mito o se lo considera por su historia personal, las editoriales está más dispuestas.
Un excelente artículo que describe muy bien la realidad del mercado. En COMITIA EDITORIAL somos una pequeña editorial independiente clásica (no hacemos coedición ni autoedición) que acabamos de nacer y tenemos la voluntad de publicar obras literaria para un público que busca algo diferente y cuidamos a los libreros de profesión.
Como siempre, interesantísimos datos. Creo que tras varios años de experiencia en el brete editorial, los autores nos decantamos por una clasificación u otra y podemos poner nuestro grano de arena en ayudar a la promoción de los libros. Existe la libertad del creador, desde luego, pero también hay pautas. A ver, a mí me encantaría escribir parte de mi próxima novela policíaca en segunda persona del singular, pero no creo que mi editora se entusiasme con la idea…
Guillermo tengo una sospecha con respecto al ëxito o fracaso de una novela o libro, las relaciones públicas y las que establece el autor o su agente son piezas clave…leyendo la biogafia de Carmen Balcells -TRAFICANTE DE PALABRAS- se comprende que las relaciones públicas, la publicidad y el poder son la piedra filosofal…si no se tiene éxito con una novela vendran las otras. Hay cientos de buenos escritores que nunca serán conocidos.
Lo que sucede, Diosdado, es que Balcells, genial y brillante como fue, marcó una época que ya no funciona así. Herralde tambien lamaba por telefono (fijo) a los periodistas para pedirles críticas. Es todo un hermoso mundo analógico previo a las redes y los algoritmos, antes de la gran industrialización de la edición. Saludo cordial
Como escritor fantasma 👻 escribo y edito lo que mas le conviene a cada uno de mis clientes. En estos momentos trabajo en tres libros 📚 para clientes de Estados Unidos, España y Argentina. Ninguno de ellos pretende ganar dinero 💰 con sus libros. Solo prestigio profesional o posicionamiento social. No se como los clasificaría el algoritmo. Saludos Guillermo tan buena nota.
Pero, incluso antes de esas decisiones, las propias editoriales son las que aceptan o rechazan los manuscritos. Si las editoriales literarias rechazan un título y las comerciales le abren sus puertas, poco podría negociar después el autor. ¿Conoces casos de obras literarias que fuesen publicadas como comerciales y con el tiempo rescatadas como literarias? ¿Cuánto de difícil es cambiar -en vida- de clasificación una vez te han estigmatizado? Esto daría para otro interesante artículo.
Hola Mario, si hubo un lanzamiento comercial fuerte y la novela no funcionó, el cambio de etiqueta y editorial no es fácil, pero siempre hay excepciones. En el imaginario del mercado no se sabe porqué una novela no funcionó, se tiende a atribuir todo al autor, que podría no haber tenido nada que ver. Saludo cordial
Guillermo, ¡qué interesante el artículo!
Me queda una pregunta, ¿cómo influye, o puede influir ,el autor en la clasificación de la novela, ya sea como comercial o literaria?
Yo estuve en el taller que dictaste en noviembre pasado, y todos los consejos me parecieron relevantes.
Saludos, y muchas gracias desde ya!
Hola Emilia, los autores tienen que trabajar cerca de los editores, y pedirles -casi exigirles- tomar estas decisiones en forma conjunta. No creo que nadie se niegue a ello. Un saludo cordial