La IA ha sabido generar una sensación intimidante, de amenaza, que utiliza para distraer la atención de lo que más le importa: el negocio. Logró que se hable y se discuta mucho sobre qué sucederá en el futuro con la escritura y la traducción, como distracción de la deuda que debería pagar a los autores, traductores y editores por el uso sin permiso, absolutamente ilegal, de los textos de todo origen y soporte con que entrena su modelo. Los escritores deben agruparse en asociaciones dispuestas a enfrentar estos problemas y los que vendrán, que serán muchos más.
A principios de mayo circuló la noticia de que una empresa canadiense estaba comprando, en librerías de segunda mano, libros descatalogados (se dijo que 600.000 títulos), para alimentar más los recursos de algún chat de IA.
Para utilizarlos hay que escanearlos, lo que requiere destruir los libros, guillotinándolos por el lomo, de manera de convertirlos en hojas sueltas que luego serán restos de papel a descartar. No solo desaparece esa enorme cantidad de libros difíciles de conseguir, sino que alimentan más -sin permiso de los autores ni los editores-, sus modelos de trabajo.
¿Qué libros compraron y por qué? ¿Cómo se construyó ese listado de necesidades? No lo sabemos.
¿Qué decir de la IA después de la Encíclica del Papa? Nunca me hubiera imaginado citando al Santo Padre, ni que él fuera capaz de hacer una denuncia tan fuerte y clara: “La IA puede convertirse en una herramienta de dominación, exclusión y control si queda en manos del poder económico, militar o político”.
La diferencia entre las noticias y cómo se las titula
Por leer solo los titulares, que se redactan para lograr clics, aunque contradigan la noticia que titulan, la escritora y premio Nobel Olga Tokarczuk quedó en el centro de una discusión sobre literatura e inteligencia artificial.
Lo que circuló era la idea (falsa) de que una Nobel de literatura estaba incorporando inteligencia artificial para escribir sus obras, algo que generó reacciones inmediatas dentro del medio cultural.
Leyendo completas sus declaraciones no eran eso: la escritora hablaba de un escenario bastante más complejo e interesante: que la IA no debía pensarse únicamente como una innovación técnica, sino como un fenómeno capaz de transformar profundamente la manera en que circulan el conocimiento, el lenguaje y la imaginación, y “cómo cambia nuestra idea de creatividad cuando los sistemas generativos empiezan a incorporarse, incluso parcialmente, en el trabajo de autores consagrados” (en Proyecto451, 25.2.2026)
Para los escritores que se interesen en el uso de la IA en la escritura, vale la pena leer el documento emitido por The Authors Guild of America (Sindicato de escritores de Estados Unidos, 17.000 miembros) sobre “Buenas prácticas en materia de IA para escritores” (AI Best Practices for Authors, authorsguild.org, May 11, 2026).
Frente a estas preocupaciones, no puedo evitar recordar el miedo que las editoriales pasaron hace 19 años, cuando apareció el libro electrónico. Participé en media docena de reuniones en Barcelona, con altos directivos de la edición, algunos independientes y agentes literarios: la amenaza era atemorizadora.
Los gurús de la edición hablaban del “fin del libro como lo hemos vendido conociendo hasta ahora”, y un grupo importante de editoriales en España, decidió crear una empresa que se llamó Libranda, con el objetivo de generar y ofrecer sus propios e-books (y controlar que la reducción de precios no fuera exagerada). Duró solo unos años, luego la vendieron a De Marque, un grupo canadiense que ofrece tecnología para libros electrónicos.
Pasados casi 20 años de lo que parecía el fin del mundo, el libro electrónico hoy tiene una participación del 15 al 20% del total de libros vendidos, crece lentamente, y no se considera competencia. El e-book, como en su momento el libro de bolsillo se ha normalizado como un formato más de difusión de la producción editorial y autoral.
Ray Bradbury (el autor de Farenhei451) ya en los años 50 dijo que “Las máquinas no pueden disparar el proceso de la imaginación” (entrevista con Verónica Abdala, Clarín 30 de agosto de 2020). Muchos años después, lo confirma Nuria Cabutí, CEO de Penguin Random House, compañía que algo sabe sobre el tema: “La IA no supera a la creatividad humana porque no está haciendo nada nuevo”. (Olga Merino, en La Vanguardia, 6 de junio 2926)
Recientemente Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, declaró que en los desarrollos a cinco años del Chat GPT 6 y 7 no tienen previsto intentar un desarrollo de escritura creativa: “el chat podrá escribir textos, pero chatos, sin una creatividad como la humana”. ¿No es una declaración interesante?
El más perjudicado
Quien sufre por los desarrollo de IA es el planeta. El consumo de energía y de agua que requieren los grandes centros de datos es tan enorme como depredador, por lo que buscan sitios lejanos y poco regulados donde instalarse, porque en Estados Unidos les ponen cada vez más restricciones. Peter Thiel, principal proveedor de IA para la guerra, se ha trasladado a vivir a la Argentina, atraído por el ofrecimiento del presidente Milei, que publicó en el Financial Times (Junio 4, 2026) un artículo (“Argentina invites AI to free itself”) ofreciendo la instalación de empresas de Inteligencia Artificial sin ningún tipo de regulación ni control. El fundador de Palantir ya se había instalado en Buenos Aires, y compró miles de hectáreas en la Patagonia.
“Los centros de datos emitirán en 5 años tanto CO2 como todo Gran Bretaña hoy” (Antonio Cerrillo, La Vanguardia 4 de junio 2026, citado por Valordecambio.com)
Efecto distracción
El debate y la preocupación de escritores, traductores y editores es intenso, pero está distrayéndolos de la atención a cuestiones urgentes, como exigir el pago que les corresponde por el uso del contenido de millones de libros y textos de toda índole, en toda clase de soporte.
Quienes reclamaron, cobraron
Asó lo hizo The Authors Guild of America, el sindicato de escritores y guionistas de los Estados Unidos, que en 2025 ganó juicios a Google y a OpenAI por 1.700 millones de dólares ¡mil setecientos millones! También lo logró la SGDL, Société des gens de lettres de Francia, que no reveló cuánto cobró.
Las empresas de IA fueron obligadas por los tribunales a entregar listados completos de las obras y textos que utilizaron sin permiso, lo que permitió descubrir que un porcentaje eran manuscritos inéditos, que en algún momento el autor o alguna editorial, habían subido a un chat de IA para corregirlo o evaluarlo.
Plegarias atendidas
Tuve la ocurrencia de preguntarle a los chats estadounidenses GPT4 y Claude y al chino DeepSeek qué podrían hacer los escritores para cobrarles por el uso no autorizado de sus textos. La respuesta de los tres fue similar y sorprendente: “Los desarrolladores de IA solo pagan a quienes reclaman”
Sintetizo unas respuestas, que fueron más amplias:
“La vía más directa ha sido demandar a las empresas. Autores y organizaciones están llevando acciones legales alegando violación de derechos de autor, argumentando que las IA están utilizando y explotando enormes cantidades de datos normalmente sin autorización, y que esas obras tienen un valor por el cual los creadores deben poder otorgar o negar permiso y ser compensados.
“Los escritores no tienen que actuar solos, sino sumarse a demandas colecticas. Figuras como John Grisham, George R.R. Martin y Jodi Picoult acusaron a OpenAI de realizar un ‘robo sistemático a gran escala’ por entrenar modelos con sus obras sin consentimiento: ganaron. Unirse a este tipo de acciones colectivas multiplica la fuerza negociadora.
A diferencia de sus colegas estadounidenses y franceses, los escritores de España y Latinoamérica (publicados o no) tienen una pasividad asombrosa: no se agrupan ni reclaman lo que les corresponde cobrar. Entienden los peligros de la nueva herramienta, pero no actúan donde es posible hacerlo, reclamando el robo de su propiedad intelectual de la misma manera que reaccionarían ante cualquier atraco callejero. Descuidan así la posibilidad de una remuneración que, sin duda, será mucho mayor que lo que ingresan por regalías de libros vendidos. Al mismo tiempo que no se preparan para defenderse de una herramienta tan inescrupulosa como arroladora.
Me interesa
Hola, Guillermo. Tranquilizador el artículo. Lo que más me preocupa es la depredación del ecosistema. La IA resulta bastante torpe en materia de creatividad. Me asustan los autos eléctricos y sus baterías de litio.
De acuerdo en todo con el artículo
Hola Willy.
Super interesante el tema . acuerdo con Altman en que la IA no reemplazara a la creatividad humana
Solo que no creo que el lo crea.
Respecto de la pasividad e inacción en España y Latinoamérica creo que ahi se te abre un muy interesante negocio Willy. Un abrazo
Hemos llegado a esto porque los primeros espacios públicos fueron arrasados, la neutralidad de la red fue aplastada y los debates incipientes fueron atropellados en la carrera por estar «actualizados». En defensa de lo publico no estatal, de los comunes, y contra el avance de la avaricia mafiosa siempre. No se si es legal la lucha, creo que es política. Es la vida toda, es el agua, es la energía, es la tierra lo que está en juego… los derechos de propiedad intelectual son lo menos importante, solo que la burguesía parece ahora enterarse que el avance del neoliberalismo lo destroza todo… ahora… ahora están tocando mi puerta y no queda nadie para protestar…
Estimado Guillermo.
La idea básica y malévola es: «quien no me reclama me lo permite». Reclamemos en todos los frentes y alentemos el reclamo como resistencia humana ante la máquina y el algoritmo.
¡Muy cierto todo! Y una lástima, una pena y una vergüenza la destrucción de todos esos libros para que «reencarnen» virtualmente.
“Los desarrolladores de IA solo pagan a quienes reclaman” es la versión diplomática de “el que no llora no mama.”
Tres de mis libros están incluidos en el Anthropic Settlement, yo me sumé a la demanda y también mis editores de Soho Press. La editorial ha apoyado mucho a los autores incluidos en el brete.
Pienso que en un futuro distópico los autores tendremos que probar que “no” hemos escrito nuestros libros con IA ante una Inquisición literaria. ¿Y quiénes formarán ese Santo Oficio? ¡Pues la Inteligencia Artificial misma, desde luego! Lo peor es que ya existe, desde nuestro viejo amigo (para los profesores) Turnitin hasta los más modernos PangramLabs y Quillbots.
Desgraciadamente, a veces me he encontrado en el otro lado del tribunal: un estudiante me presenta un ensayo perfectamente escrito en términos gramaticales, cuando yo sé, por exámenes anteriores y su trabajo diario en clase, que su gramática no está a ese nivel. Y el texto está lleno de clisés, guiones largos, grupos de tres y otras características de los textos generados por la Inteligencia Artificial. El estudiante afirma que lo escribió…¿y cómo refutárselo? ¿Porque un programa dice que no lo hizo? Claro que no es lo mismo un estudiante que tiene a fuerzas que tomar una clase que no le interesa para graduarse que un escritor a quien nadie obliga a escribir o publicar un libro.
Por otro lado están los escándalos de Shy Girl (Hachette) y el más reciente de Granta, “The Serpent in the Grove”. Aquí tenemos a editores y miembros de un jurado que decidieron publicar o escoger como ganador de un concurso textos que tienen todas las marcas de no haber sido escritos por humanos. Hachette canceló la publicación del libro. El jurado de Granta no se ha retractado de su fallo.
¿Quién decide? ¿Los lectores? ¿La presión pública?
La IA llegó para quedarse, los centros de datos ya eran un tema antes y la IA llama la atención a ello, pero el mundo sigue pidiendo contenidos por video y audio bajo demanda que salen de ellos, este sitio mismo sale de un centro de datos.
La IA acelera muchas cosas y facilita otras; en china está resolviendo el 80% de los problemas de conducción de vehículos y mejorando la seguridad (como lo hace el gobierno o si es legítimo es otro tema).
El modelo de escritura creativa es el que menos me preocupa de las IA.
Explicaré un planteamiento que se sale de la caja y que no se mencionó en este texto.
Supongamos que Pedro ha sido como dice Teresa malo en temas de redacción general; pero Pedro es un habido lector y ha hecho cientos de escritos (no libros).
Pedro inicia hace dos años a vértice su texto, sus ideas, sus opiniones, sus proyectos con la IA y realiza largas sesiones de interacciones buscando temas, hilos conductores, posibles tramas, etc.
Pedro maneja esta nave espacial, pero ella hace todo el trabajo difícil de estabilizar y no chocar.
Finalmente, Pedro es el resultado de cada autor, cada texto, cada cita, todo el trabajo de racionalidad e inteligencia de los autores que ha consumido.
Con todo esto Pedro va alimentando a la IA y ella cada vez es más el reflejo de Pedro, su filosofía, su estructura, su pensamiento.
Al final Pedro le comparte un boceto y juntos (así es como se debe hacer), desarrollan el texto y lo editan.
El resultado es un texto que a Pedro le gusta y le funciona, hace nuevas correcciones directo en el editor de la IA por qué hay cosas que sin que él lo sepa, no son su estilo y más aun son clichés.
Finalmente le dice a la IA este es mi texto final.
Ella aprende cómo le gusta a Pedro el texto, sus errores, repeticiones, manías, clichés propios, figuras, pleonasmos, coletillas, etc.
Pedro presenta el texto.
Dicho todo esto, hay que demandar a Pedro por usar textos de otros autores en su pensamiento creativo y alimentar con el resultado de esss ideas y algunas citas a la IA?
Por qué sí que llevo los textos a la IA
La cacería de Pedro como usuario de la IA por que es?
Por escribir en IA?
Por razonar con ella?
Por reflejarse en ella?
Por promosicir su mente ?
Por usar un editor artificial?
Por hacer una colaboración con un IA?
Pedro realmente no escribió el texto?
Estas son preguntas realmente incómodas e incisivas sobre un escenario menos simplista y plano, pues se cree que la IA hace casi todo, pero no necesariamente es así.
Cómo estamos realmente gestionando el acceso a los textos de las inteligencias humanas y artificiales?
Nos damos cuenta que en un futuro por este camino, pediremos garantías a los escritores de que compraron ciertos libros y no los consumieron de manera ilegal y que tal vez, les prohíban usarlos o aportarlos en ideas o citas a un medio digital?
Suena radical pero como mencionó de nuevo Teresa; una inquisidora seguro irá también por eso si la dejamos.
Lo curioso será que para tener éxito, tendrá que ser una IA la que investigue y acorralé a otra IA para que los humanos la juzguemos
*Teresa está en los comentarios del artículo, es comentarista