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Cuando el libro no tiene precio fijo, se cierran las librerías

Cuando el libro no tiene precio fijo, se cierran las librerías

La principal cadena del Reino Unido (480 Sucursales), con 250 años de libreros,   acaba de venderse a un fondo de inversión por un precio absurdo. Los propietarios abandonan el negocio del libro después de 250 años, para centrarse en el del turismo.

La venta minorista de libros se hace muy difícil porque en Reino Unido no existe el precio fijo obligatorio para el libro, lo que permite que el vendedor lo ofrezca al precio que quiera. De esta manera solo el más grande puede sobrevivir, en este caso ha la gran tienda online. Desde que el gobierno de Margaret Thatcher en los años 80, en nombre de “la libertad” eliminó el precio fijo que rige en casi todo el mundo, cerraron más de mil librerías independientes, varias de ellas centenarias. Esta gran cadena resistió a fuerza de vender solamente best sellers, y ya no pudo más. (más…)

El lugar del autor en la cadena de valor del libro

El lugar del autor en la cadena de valor del libro

Hay mucho por hacer

En una época de cambios muy veloces, me sorprende cómo algunas cuestiones del mundo del libro y la edición que se han ido oxidando, no se puedan modificar ni actualizar. Hay dos cosas que la digitalización podría resolver con facilidad: la primera es la penosa situación del autor dentro de la cadena de valor del libro, y la segunda es el sistema de comercialización mayorista, responsable de que ni las editoriales ni los autores sepan con precisión cuántos ejemplares se han vendido de cada libro.

Desde hace cien años, esta cadena se representa siguiendo el orden cronológico en que interviene cada eslabón, comenzando por el autor y terminando por el lector. El libro electrónico, la última gran novedad en la edición, en veinte años no modificó el esquema.

(Gráfico publicado en: Magadán-Díaz, M.; Rivas-García, J. I. (2020). El impacto disruptivo del libro electrónico sobre la cadena de valor editorial española: un estudio de casos. Revista Española de Documentación Científica, 43 (1), e258. https://doi.org/10.3989/redc.2020.1.1650)

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Hacia un mundo sin escritores

¡Qué mal que suena esto!  Pero si cada día queda más claro que avanzamos hacia a un mundo sin trabajo (no hay familia que desconozca esta situación) es lógico pensar que a los escritores también les afectará.

La tecnología es el camino que hace posible esa extraña sociedad futura, mientras avanzamos hacia ella, los escritores y las editoriales están siendo víctimas de un enorme saqueo, al que se llamaba piratería, pero pareciere que no está mal cuando la ejercen las grandes tecnológicas.

“Editores y autores franceses denuncian a Meta por usar sus trabajos para educar a su Inteligencia Artificial” (Señalador Clipping Es, 13.3.2025)

Este post nació ante mi preocupación por la proliferación de libros escritos por la Inteligencia Artificial, aunque su pobreza literaria y mediocridad impiden su éxito comercial. Amazon, principal generador y editor de este tipo de libros sin autor, no ha logrado, pese a sus enormes recursos, posicionarlos entre los más vendidos. Son principalmente novelas románticas, libros infantiles y juveniles y autoayuda, los preferidos, para cuya generación se aplica la informacion algorítmica obtenida de millones de libros analizados (sin permiso ni remuneración al autor ni a su editorial), miles de millones de datos y pautas de conducta de todos los usuarios de redes, buscadores y aplicaciones, series de televisión y conversaciones en la redes, que para reemplazar al escritor han resultado ineficaces.

Lo que funciona con otros productos de consumo masivo (incluido el voto) parece no servir cuando se trata de libros, porque el lector no es cualquier consumidor: es un personaje misterioso, singular, que no queda atrapado en las redes del mainstream, incluso contando con gran cantidad de información sobre pautas de lectura, como las que aportan los dispositivos de lectura conectados a la red como el Kindle, que mientras lees te está leyendo. Sin embargo, el éxito de un libro sigue siendo algo imprevisible.

Los libros “sin autor”, escritos, generados o redactados por la IA, tienen tramas predecibles, personajes estereotipados, lenguaje simplificado y giros dramáticos demasiado calculados, pero no tienen ninguna innovación, la expresión de una simplicidad empobrecedora. En español, son libros escritos (o traducidos) en una lengua que llaman “español neutro”, que los castellano hablantes sabemos que no existe y ninguno reconoce como propio, ni siquiera en Miami. Es un invento del imaginario de un país anglosajón.

Hasta ahora esto es una dificultad para la lectura, aunque gente seria asegura que en poco tiempo el mismo libro -o traducción- se ofrecerá con su propio acento y modalidad a cada país. También dicen los expertos que la escritura generada por la IA aprenderá a usar el witz, la broma, el humor, la ironía, algo propio e intraducible de toda lengua.

La IA sabe esto. No pude resistirme consultar al ChatGPT, que respondió:

  Falta de originalidad genuina: Aunque la IA puede crear textos convincentes, muchos de ellos son combinaciones de patrones y datos previos. Carecen de la verdadera originalidad, el toque humano o la introspección que los escritores aportan a sus obras.

  Pérdida de contexto emocional: Las IA pueden imitar emociones y contextos, pero no experimentan el mundo de la misma manera que un ser humano. Esto podría hacer que los libros carezcan de una verdadera resonancia emocional.

 La idea de que es posible un mundo sin trabajo y por lo tanto también sin escritores parece aterradora. ¿Lo será también para las nuevas generaciones, cuando vivan sin trabajar, recibiendo una renta básica universal? ¿Qué les sucederá a las personas sin trabajo, aunque tengan para comer? ¿Cómo funcionarán cuando sea adultos los niños que se eduquen de esta manera?

“Corea del Sur se ha convertido en el primer país del mundo en incorporar inteligencia artificial en libros de texto digitales” (El País, 12 de marzo 2025).

Los libros escritos por la IA son una amenaza para el escritor, y mucho más para el lector. Por momentos, dudo de que siga siendo así. Leo en una noticia cuya animación se puede ver en el link de abajo: una fábrica Noruega aliada con Chat GPT pondrá a la venta, este año, un millón de robots de asistencia con forma humana. https://www.youtube.com/watch?v=-gx5c2cNASk

Da mucho temor lo que pueda suceder, y es difícil analizarlo cuando perteneces a generaciones anteriores. A mí me parece inconcebible la idea de leer una novela escrita por un robot, porque tengo otra idea de la creación y otro sistema de valores, que hoy están en discusión. Leemos todos los días acerca de cuánto tiempo el presidente de los Estados Unidos tolerará a su segundo Elon Musk. Pero esto presupone un orden anterior de las cosas, de la época «constitucional», ahora cabría preguntarse: en este dúo ¿quién es el segundo de quién? ¿quién tiene realmente el poder?¿quién despedirá a quién?

Frente a este panorama lleno de interrogantes, hay mucho por hacer. No es tolerable que la autoría robotizada se le oculte al lector. La Unión Europea está avanzando en algunas regulaciones, como la obligación de etiquetar de manera visible los libros sin autor, normativa que el gobierno español acaba de aprobar (11 de marzo de 2025). Una medida de este tipo detendrá a muchas editoriales que se dedican a ello, pero ¿será por mucho tiempo? ¿Habrá unas nuevas generaciones que valoren más un libro escrito por la IA, porque lo considere “más científico”, por ejemplo?

Las noticias sobre libros escritos por la IA me recuerdan a la llegada del libro electrónico: hace quince años se predijo que los e-books acabarían con el libro impreso, y hoy el papel sigue siendo el soporte preferido por la mayoría de los lectores. Una encuesta entre librerías de campus universitarios en Estados Unidos, indica que el 90% de los estudiantes -generación nacida digital- prefiere comprar libros impresos. Aunque el formato digital es relevante, el libro impreso sigue siendo el soporte preferido de los lectores, y el único que otorga prestigio y convalidación al autor.

Quienes más rápido descubren estas cosas son los lectores, unos consumidores atípicos, difíciles de catalogar y de convencer. Por eso el éxito de un libro sigue siendo imprevisible para las editoriales. Pero es cierto que en el futuro los lectores -con la ayuda intensiva de las redes sociales- pueden cambiar. Algo sabía quien compró Twitter dos años antes de llegar al poder del principal país de occidente.

No es un panorama tranquilizador, aunque me gusta la idea de que «La catástrofe no es inevitable«, como afirma Rosa Montero en una entrevista.

“El lector quiere cómics hechos por dibujantes, no por una inteligencia artificial que robe los contenidos” (Carmen Carnero y Natacha Bustos, en Señalador Clipping, 13.3.2025).

Por ahora, el lector es el más confiable regulador.

 

Escritores que aborrecen las adaptaciones audiovisuales de sus obras

Muchos escritores no asisten el día de estreno para no tener que decir lo que piensan de la adaptación de su obra al cine o a la televisión.

Dos tercios de los autores aborrecen el resultado final, pero han firmado contratos en los que en la letra pequeña se comprometen a no hacer declaraciones negativas. Los que están más tranquilos -y asisten al estreno o a los festivales de cine- son los que tienen claro que lo que verán no es su obra, sino una la versión de un guionista o un productor, pocas veces de un director. Hemingway era así, lo tenía muy claro y podía disfrutar de lo que había cobrado. En el lado opuesto estaba García Márquez, que exigía controlarlo todo, por eso su gran novela Cien años de soledad recién se pudo transformar en una serie después de que murieran él y luego su mujer. Cuando intenté ver la serie -no pude terminar el primer episodio- quise imaginar qué habría dicho el maestro si hubiera podido verla.

Pese a esto, ninguna escritora o escritor se resiste a una propuesta de adaptación, y bien que hacen, no porque luego el libro se vaya a vender más como dicen los productores para pagar menos, sino porque es una oportunidad económica excepcional de la que nadie se tiene que avergonzar.

“Pues si Joseph Roth detesta el cine, aunque no deja de insistir a Stefan Zweig para que intervenga ante su agente americano a fin de que lleven sus libros a la pantalla. Necesita dinero, y nadie paga tanto y tan rápido como Hollywood. Ya han rodado Job. Roth no la ha visto, pero Zweig le ha contado que la adaptación es para partirse de risa. Han convertido la historia en un melodrama americano. “¡Tiene usted que verla, Roth! ¡No la reconocerá!”      (Volker Weidermann en Ostende. 1936, el verano de la amistad. Alianza, 2015)

 

 

 

LA “EPIDEMIA PAUL AUSTER” NO COMENZÓ EN SU PAÍS

(LA DE NINA BERBÉROVA TAMPOCO)

“Nadie es profeta en su tierra”, viejo refrán que nunca podría estar mejor aplicado que en estos casos, que no son algo excepcional en el mundo de la literatura.

Muchos grandes escritores son reconocidos en otros países antes que en el propio. Para que eso suceda tiene que haber detrás un gran editor, como es el caso de Hubert Nyssen, fundador de la editorial francesa Actes Sud, a quien conocí gracias a Alberto Manguel, uno de sus autores.

Siendo un editor principiante, estaba de visita en Nueva York cuando unos amigos le hablaron de un escritor local muy interesante, que no obtenía el reconocimiento de la crítica ni de ventas. Nyssen lo leyó, creyó haber encontrado algo extraordinario y se jugó, contratando -con un anticipo mínimo- Ciudad de cristal y La invención de la soledad. Los publicó en Francia y el éxito fue increíble: la editorial lleva más de 50 ediciones y cientos de miles de ejemplares publicados.

Se generó una verdadera “epidemia Auster”, que rápidamente se fue extendiendo por todo Europa. En España -antes de que la epidemia de generalizada-, ya lo había publicado sin mayor repercusión la editorial Júcar, de Gijón (Asturias) -dato que se suele olvidar-, cuyo editor era José Manuel Caballero Bonald.

Con semejante éxito, los editores de Nueva York se enteraron de que el escritor que arrasaba en Europa vivía allí, al otro lado del East River, frente a Manhattan, y así logró en Estados Unidos, su pais, el éxito de ventas y el reconocimiento de la crítica que antes no había recibido.

Un tiempo después Nyssen, a quien en París consideraban“un editor de provincias” (Actes Sud estaba en Arles, la ciudad de La Provençe donde vivió Van Gogh) demostrando su gran olfato lo volvió a hacer: descubrió a la escritora rusa Nina Berbérova, que vivía y enseñaba en Princeton (New Jersey) después de haber vivido 25 años en París. Tenia varias novelas inéditas que ninguna editorial había querido publicar. “Nina Berbérova había esperado la fama, la gloria, el reconocimiento, en vano, durante algo más de medio siglo”, escribió Juan Pedro Quiñonero.

Nyssen la visitó, la leyó y la contrató. Cuando la publicó en francés sus novelas produjeron una verdadera explosión. De Francia pasó a ser publicada en todo el mundo. (Circe en España).

Jacqueline Kennedy, que era editora en Doubleday, se enteró del fenómeno y le pidió a Nissen que las pusiera en contacto para visitarla en Princeton: la contrató, y la lanzó en Estados Unidos.

La sede de Actes Sud en Arles (hoy la editorial pertenece, como muchas otras, a Gallimard), está frente a una plaza, a la que el Ayuntamiento le puso el nombre de la escritora.

A diferencia del rescate de escritores que tienen éxito cuando ya han muerto (como Lampedusa, el autor de El Gatopardo), Paul Auster y Nina Berbérova pudieron disfrutar del reconocimiento internacional de los lectores durante muchos años.

«No encuentro editores con quienes hablar»

No encuentro editores con quienes hablar es la queja cada vez más habitual de los escritores. No solo de los inéditos, sino también de los que publican.

Aunque Roberto Calasso haya dicho que “existe todavía una tribu dispersa de personas [editores] a la búsqueda de algo que sea literatura, sin calificativos, que sea pensamiento, que sea investigación”, la tribu se ha ido reduciendo en los diez años transcurridos desde este comentario esperanzador del gran editor.

En el blog del consultor Manuel Gil, encontré mucha informacion sobre el empleo en el sector editorial, que tiene que ver con la queja de los escritores: en Estados Unidos el Bureau of Labor Statistics, un organismo oficial, indica que desde los años 90 la edición ha perdido el 40% de su masa laboral. De 91.000 trabajadores que tenía el sector editorial en 1997, en 2023 se habían reducido a 54.822.

En España. la reducción de empleo en el sector editorial tiene la misma tendencia, con un descenso del 19%: 12.789 empleos menos entre 2008 y 2022.

La mayor reducción (el 31,95%) ha sido en el área “producción” (que incluye a los editores), luego en el área comercial y en tercer lugar la administración. El 73% de los empleos perdidos ha sido en los grandes grupos editoriales, debido a las fusiones y compra de editoriales, que sirven para aumentar la facturación y reducir el gasto de personal.

Estas cifras son anteriores a la actual incorporación disruptiva la Inteligencia Artificial en la actividad editorial. Cada vez más procesos se están robotizando, y pronto veremos los efectos, en la aceleración de la pérdida de empleo, y en la selección y la calidad de los libros que se publicarán.

Si las quejas de los escritores aumentan y se hacen públicas, es muy probable que las editoriales comerciales, cada día más entrenadas en la IA, quieran también reemplazar al autor.

Prueba del eficiente resultado de la ecuación, es que en España el sector editorial crece (en ventas). “En economía -dice Manuel Gil- se admite que a mayor crecimiento económico mayor oferta laboral”, pero ya no es así, lo que le lleva a concluir: “con salarios como los que estimo [uno medio de 1.500 euros], la atracción de talento al sector es manifiestamente imposible”.

Si los escritores no encuentran editores con quienes hablar, no es porque estos no quieran hacerlo, sino porque los que van quedando están desbordados, trabajando para aplicar una IA cuyo éxito será reemplazarlos.