Oct 9, 2024
Las traducciones literarias realizadas por chats de Inteligencia Artificial deberían llevar una etiqueta frontal de advertencia al lector.
Algunas editoriales, en realidad unos emprendimientos comerciales que nada tienen que ver con el mundo del libro, están aprovechando los avances tecnológicos para ofrecer a los autores publicar sus libros traducidos a otros idiomas, gracias al ínfimo costo y la velocidad que posibilita la IA. Ofrecen así a los eventuales lectores un texto empobrecido y estandarizado, publicado en libro electrónico o impreso de uno en uno gracias a la tecnología del bajo tiraje (POD, Print on Demand). Una combinación de dos tecnologías, para un uso espurio. Para un escritor que se ha pasado años trabajando sin cobrar en un libro, tener nuevos lectores, en países que nunca hubiera pensado en alcanzar, es comprensiblemente atractivo.
Estos libros no advierten en ninguna parte visible que se trata de una traducción automatizada, con lo cual se está engañando al autor y al lector. Son un buen negocio, porque se aprovechan de los apoyos económicos a la traducción que otorga el país del autor, a quien también le piden algún aporte económico, y luego venden ejemplares para las bibliotecas del país donde está la editorial, con fondos públicos creados en algunos países del norte de Europa, para difundir la bibliodiversidad. Tres fuentes de recursos que, cuando no hay costos que asumir son todo ganancia.
Los libros se ofrecerán en la web de la editorial y en otras plataformas, ya sea como libro electrónico o impresos de uno en uno, además de algunos ejemplares justificativos de la edición, que se enviarán al autor.
Las traducciones automatizadas -alimentadas por millones de libros de gran venta, notas de prensa y subtítulos de series, lo que hacen sin permiso ni remuneración- solo traducen palabras, estandarizando y empobreciendo lo mejor de cualquier obra literaria. Los autores, engañados en su deseo de difusión, perderán dinero y posibles lectores, que al encontrarse con textos mediocres, creerán que lo malo es el autor.
Organizaciones de escritores y traductores, junto a la Unión Europea, están tratando de que se esto se regule, y sea obligatorio un etiquetado frontal diciendo que el libro está traducido de forma automatizada.
Por momentos pienso ¿cómo será leer a Proust en sueco, escrito con el lenguaje y el estilo de Stephen King?
Sep 29, 2024
Una escritora o escritor que está comenzando a publicar, muchas veces siente que su sueño se haría realidad si lo contratara una gran editorial, creyendo que su potencia y eficiencia comercial serán garantía de éxito. Pero hay variantes importantes que se deben tener en cuenta.
En una editorial grande, tal vez impriman una primera edición de tres o cuatro mil ejemplares que estará en todas las grandes librerías. Si después de algunas semanas el libro vende 1.000 ejemplares, se percibirá como un fracaso, y esa percepción, se quiera o no, se transmite a los libreros. La editorial no recupera la inversión (pierde dinero) y el libro desaparece rápidamente de la exhibición, siendo desplazado por los nuevos lanzamientos de la misma editorial. Pasado un tiempo, los ejemplares restantes se saldarán o destruirán. Como el libro seguirá disponible en edición electrónica o en POD (impresión a pedido), no se puede considerar agotado, que sería la única razón para que el autor pueda recuperar los derechos. L editorial, probablemente, no quiera seguir publicando al autor. No siempre es así: uno de cada diez títulos logra destacar y convertirse en éxito.
En una editorial pequeña, por otro lado, la primera edición será de mil o mil quinientos ejemplares, que quizás no estén en las grandes cadenas de librerías. Si el libro vende 1.000 ejemplares, la editorial lo percibirá como un éxito. El editor -que probablemente publique uno o dos libros al mes., se dedicará intensamente a promoverlo y a asegurarse de que esté en las librerías en las que debe estar. Es muy probable que pronto haga una segunda edición. La sensación de éxito se trasmite a los libreros, y como la editorial tiene muy pocos gastos, logra cubrir la inversión y ganar un poco de dinero. En este caso, estarán muy interesados en el siguiente libro del autor.
El dilema, entonces, es: ¿por dónde comenzar?
A veces sucede que un autor que ha tenido éxito en una editorial pequeña recibe una oferta económica muy atractiva de una editorial grande. Quien fue su editor y lo ayudó a construir su éxito, no puede competir con esa oferta y, no sin pesar de ambas partes, pierde al autor. Es la dura realidad del mercado: las editoriales independientes muchas veces funcionan como plataformas de lanzamiento.
Algunos escritores pasan así de una editorial pequeña a una grande, pero pocas veces sucede al revés. Un autor que “no funcionó” en una gran editorial (según los criterios antes explicados) tendrá que superar esa percepción negativa que quedó en el mercado, incluso si no es del todo cierta. Un trabajo difícil, que lleva mucho tiempo. Hay algunos escritores que lograron pasar de una editorial grande a una pequeña, movimiento que fue determinante para afianzar su carrera. Es poco probable que vuelvan a cambiar.
El tamaño de una editorial y la cantidad de nuevos títulos que publica cada mes y desplazan a los del anterior, determina que el mismo autor, con el mismo libro y la misma cantidad de ejemplares vendidos, pueda ser considerado un éxito o un fracaso. La consecuencia será que la editorial le publique el siguiente libro, o que decida no seguir con él y el autor vuelva a comenzar a buscar editorial.
Interesante e inquietante, ¿no?
Sep 17, 2024
¿Es necesario que los autores sean conocidos públicamente para ser publicados?
Suponemos que un escritor debutante, para ser publicado por una editorial tradicional debe ser muy conocido, que “los nuevos novelistas deben ser antes estrellas de Internet”. La realidad (por lo menos en Estados Unidos, donde hay estadísticas para todo) indica que no es así.
Eso es lo que demuestra Jane Friedman, una consultora editorial de gran prestigio, a partir de los contratos firmados por autores debutantes. Para ello examinó 131 primeros contratos de ficción firmados entre abril y agosto de 2024. (La información la he tomado del blog ValordeCambio.com)
La proveniencia de estos autores se clasifica en las siguientes categorías.
Los autores provienen de:
37,8% Comunidad literaria y universitaria
20,5% Sin conexiones conocidas
16,5% Periodistas y medios de comunicación
11,8% TV-cine-guionistas-entretenimiento
8,7% Creadores online o influencers
3,1% Autores autoeditados
Ago 14, 2024
La insostenible práctica de trabajar sin cobrar.
Una revolución de los escritores sería lograr un cambio radical en la relación entre trabajo y remuneración, modificando la práctica de pago al autor que, siendo el eslabón inicial de la cadena de valor del libro, termina cobrando al final, y solo si consiguió publicar y el libro se vendió, aunque vender no sea trabajo del escritor.
Escritores, editores y todos los involucrados en la cadena del libro, tienen que construir una nueva estructura económica que modifique esta antigua práctica, para que se remunere al autor por escribir, y no por todo lo que viene después.
Con el desarrollo de las nuevas tecnologías, las posibilidades de circulación de una obra son muchas más, y con ellas los posibles ingresos del autor, por el conjunto de esas formas de difusión, analógicas, digitales, virtuales, y audiovisual, no solo son más, sino que hacen que la publicación de libros no sea su única fuente de ingresos. En Estados Unidos, las regalías por la venta de libros -analógicos y digitales-, representan menos de la mitad de los ingresos de los escritores. El resto proviene de las actividades presenciales tan importantes y bien pagas allí, y de la explotación de los derechos derivados de la obra, en todos las formas posibles. Una misma obra, múltiples formas de difusión.
La publicación en papel sigue teniendo un valor simbólico de consagración para el autor, pero a las editoriales se les hace cada vez más difícil recuperar en tiempos razonables la inversión, en una época en que la paciencia no es lo que caracteriza a los inversores.
Durante más de cien años la edición fue un proyecto educativo y cultural, ahora es una actividad industrial, lo que ha llevado a priorizar la rentabilidad sobre cualquier otro valor o interés. Pese a ello, los accionistas están inquietos.
En las grandes editoriales, que dominan dos tercios del mercado, los directivos, presionados para aumentar las ganancias descubrieron qué difícil es lograrlo, incluso acudiendo a los algoritmos más sofisticados para elegir qué publicar, por lo eligieron crecer comprando editoriales, la manera rápida de sumar facturación sin aumentar los gastos, lo que ha tenido muchos efectos colaterales en la idea de éxito y calidad, sin que esto mejore sustancialmente la rentabilidad.
Dudo de que la industrialización y la concentración sean sostenibles. El problema reside en que no aumenta el número de lectores (o clientes), y no parece que nadie esté trabajando seriamente en ello. La tendencia de muchos estados a “liberarse de todo” incluso de la educación, y de abastecer de libros a la escuela pública, no contribuye a mejor las cosas.
Que el camino es otro, es lo que sugiere el crecimiento de las editoriales pequeñas o independientes, que no publican lo que los algoritmos dicen que se podrá vender, sino que proponen nuevas lecturas. Surgen cada vez más, y crecen gracias a las herramientas y los bajos costos del marketing digital. Sus publicaciones llegan rápidamente a los lectores adecuados.
Las grandes cadenas de librerías se sostienen con los libros más comerciales, que las editoriales le entregan «en depósito» en gran cantidad, mientras los buenos lectores han migrado a librerías más chicas, fuera de las grandes avenidas y los centros comerciales, atendidas por sus propietarios, que deciden qué ofrecer, y no aceptan que se lo imponga el proveedor. Ninguna buena librería necesita hacer una torre de libros en la entrada.
Las librerías online resolvieron el problema de la falta de espacio, reduciendo la brecha de posibilidades entre editoriales grandes y pequeñas
Todo esto y muchísimo más, salió a la luz por primera vez en 2022, en el juicio The United States of America Vs Penguin Random House, que terminó impidiendo a PRH la adquisición de su competidor, Simon & Schuster.
Los más importantes directivos de la industria editorial de Nueva York, y escritores de ventas millonarias como Stephen King, acudieron a testimoniar, explicando procedimientos poco trasparentes de la industria y la venta de libros, con gran cantidad de gráficos y cifras de la realidad del negocio que nunca hubiéramos llegado a conocer. No sé si el veredicto de la juez fue lo mejor, porque un año después Simon & Schuster se vendió a un fondo de inversión multimillonario, ajeno al mundo editorial, focalizado en las industrias extractivas. Pero la informacion que afloró, fue un verdadero WikiLeaks de la edición.
Estos son los cambios que se están produciendo en el negocio del libro, pero no llegaron todavía a redefinir la participación económica del autor.
Los autores que ya han demostrado lo que pueden vender, que son una minoría, alteran este orden al cobrar adelantos a cuenta de sus derechos (“El mejor editor es el que paga el anticipo más alto” decía Carmen Balcells). Pero los escritores cuya calidad, aporte o investigación es incuestionable pero no se tienen un público amplio, tendrán muy difícil revertir la situación, aunque tendrán a su disposición otras formas de difusión de su producción.
Tradicionalmente, los autores podían aumentar sus ingresos negociando mejores regalías con las editoriales, pero hoy no parece ser una opción, porque las ganancias de la editoriales son bajas, no hay mucho margen para exigir más, sin que se traslade al lector subiendo los precios, o implique un ajuste a los otros eslabones de la cadena, editores, traductores, correctores y diseñadores, que son quienes garantizan la calidad de cualquier publicación. Ninguna de las dos opciones parece recomendable.
Explotar todas las opciones de difusión de una misma obra a través de todas las posibilidades digitales, virtuales y audiovisuales, desarrollando al máximo los derechos derivados, permitiríaa los escritores ganar más, pero no por escribir y publicar más, sino por obtener otros ingresos de lo ya escrito.
El aumento de otras formas de difusión no afectará a la edición ni a la venta del libro tradicional, que no veo en peligro, y que puede beneficiarse por el aumento de la promoción de una obra o un autor. De todos modos, quienes dicen que “prefieren ver la serie en lugar de leer la novela” -aunque igual repercutirá en los ingresos del autor-, no afectan a la venta de libros, porque, aunque la serie no existiera, tampoco lo comprarían.
“Los autores inician la revolución” es el título de un artículo del diario La Vanguardia de Barcelona, del 8 de agosto 2024, en el que pone a la autoedición como ejemplo revolucionario, tomando el caso del super ventas suizo Jöel Dicker, (“Me lee todo el mundo, eso es lo que me fascina” El Independiente, 9.4.2002), que decidió hacer su propia editorial para publicar sus libros. El ejemplo no es bueno, porque no parece un acto de un joven millonario que quiere cambiar las cosas, sino la típica reacción de quien no puede aceptar que, después de publicar su primera novela a los 25 años tuvo tanto éxito, se vendieron varios millones de ejemplares, se tradujo a 40 idiomas y se vendió al cine y a la televisión, es muy difícil lograr más con las siguientes
Cuando se comienza tan alto lo que sigue suele ir a menos, como de hecho sucedió con sus siguientes novelas, y es bastante habitual responsabilizar a la editorial. Que la decisión de autopublicarse no es el inicio de ninguna revolución, lo muestra el hecho de que contrató la gestión y la distribución de su editorial con uno de los grupos multinacionales más grande de Francia y Estados Unidos.
Que la autoedición o auto publicación pueda llegar a ser un recurao posible no lo descarto, pero lo que no tiene sentido es subir un archivo en bruto a alguna plataforma, sin que el autor pueda contar con el trabajo de edición y preparación de un buen libro, que es lo que optimiza la calidad de la publicación.
En una época que presume de sostenibilidad y transparencia, es esencial conocer y debatir cómo se producen y se reparten los beneficios a lo largo de toda la cadena del libro, para encontrar formas más modernas de participación del autor.
Tengo más de cincuenta años de frecuentar librerías, y nunca se me ha acercado nadie —librero (independiente o no) o…
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Guillermo, estas reflexiones son una luz en la búsqueda de lectorado. Muy interesante y a tener en cuenta. Me viene…
¡Gracias! Como siempre, mucho y bueno por aquí. Buscaré los libros que menciona. Curioso el asunto con los medios sociales…
Muchas gracias, Willie, por tu posteo y la recomendación de artículos y págias web. Creo que pronto voy a tener…