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El “gran mercado mundial” del libro se sostiene en libros prácticos

“Antes, quien quería perder peso, mejorar su productividad o aprender una habilidad, debía leer cientos de páginas para obtener respuestas. Ahora puede plantear una pregunta a una Inteligencia Artificial y recibir una respuesta inmediata, personalizada y adaptada a sus circunstancias particulares.” Lo dice Tim Ferriss, el autor de libros prácticos que más vende en Estados Unidos, en una reflexión publicada en su blog en la que analiza algo que parecía impensable: la caída sostenida de sus propias ventas, después de años de estabilidad (https://tim.blog/, 12 de junio de 2026).

El análisis llamó la atención de consultores y analistas de la edición, y no por casualidad: lo que Ferriss describe no es la crisis de un autor, sino la fractura de uno de los pilares del mercado editorial estadounidense, un mercado que no sostiene su enorme tamaño en lectores de literatura. sino en personas que compran libros para resolver problemas concretos.

Quién es Ferriss y por qué importa lo que dice

Probablemente pocos lectores de este blog lo conozcan (yo ni siquiera lo había oído nombrar): Ferriss lleva millones de libros vendidos, un par de ellos publicados en español por RBA, sin mayor trascendencia, una muestra más de qué distintos son los intereses lectores a un lado y otro del idioma. Todos sus libros han sido número 1 de la lista de Best Sellers del New York Times, la biblia de la venta de libros. El blog de Ferriss tiene 12 millones de suscriptores, y allí él ofrece una cantidad de información tan precisa como la que podría publicar una empresa cotizada en bolsa. Según sus datos, el 45% de sus lectores solo tiene estudios secundarios y apenas el 43,1% cuenta con algún tipo de formación universitaria: no es, ni pretende ser, un lectorado culto, pero es lo que ha hecho grande a la industria editorial del país. Es una muestra representativa del comprador de no ficción práctica norteamericano.

Lo que muestran las cifras

Al examinar la venta de sus libros más conocidos —The 4-Hour Workweek, The 4-Hour Body, Tools of Titans y Tribe of Mentors—, Ferriss observa que, después de años de mantener una elevada venta, a partir de 2023 esta comenzó a caer de forma acelerada:

Año Variación
2022   Base
2023   -5%
2024   -13%
2025   -46%

El dato no es anecdótico. Durante el primer trimestre de 2026, las ventas de no ficción para adultos en Estados Unidos cayeron un 9% interanual, y la categoría de autoayuda —el corazón del catálogo de Ferriss— descendió más del 26%. Estos números empiezan a resonar en distintos sectores de la industria: ¿qué ocurre cuando la principal propuesta de valor de un libro es transmitir información que una IA puede sintetizar, reorganizar y personalizar en segundos?

El riesgo de un mercado entero

La pregunta importa porque lo que está en juego no es un nicho. Los libros de tipo práctico son muchos más que los de ficción. Sobre estos se sostiene una industria que publica más de 300.000 libros al año con una facturación cercana a los once mil millones de dólares, un mercado dominado en un 50% por las ventas a través de Amazon y concentrado en cinco grandes editoriales (“The Big Five”) —Penguin Random House (25%), Harper Collins (11%), Hachette (10%), Macmillan (10%) y Simon & Schuster (9%)—. Juntas, controlan casi el 70% del total de libros vendidos.

Estados Unidos es, además, un mercado extraordinariamente cerrado sobre sí mismo: solo el 3% de los títulos publicados son traducciones, unos 9.000 sobre 300.000. Las traducciones representan apenas el 2,4% de los títulos de ficción que entran a la lista de más vendidos del New York Times (https://www.publicbooks.org/how-translations-sell-three-u-s-eras-of-international-bestsellers/).

Este dato es coherente con la apreciación de que a la mayoría de los estadounidenses les interesa poco lo sucede fuera de su país. Más de la mitad no tiene pasaporte. No es casual que ese mismo público, poco interesado en lo que ocurre fuera de sus fronteras, sea el que sostiene un mercado pensado no para conocer otras culturas, sino para resolver problemas propios —dietas para bajar de peso, productividad, autoestima—, y es justamente ese tipo de contenido el que hoy compite, en desventaja, con cualquier chat gratuito que da la misma respuesta, más rápido y de forma más breve.

Lo que Ferriss describe es la crisis del libro como interfaz de información, no de la lectura como experiencia. Mientras un segmento del mercado siga comprando libros por motivos que no se reducen a “obtener una respuesta” —la voz de un autor, el placer de una narración, el contexto, la comunidad que se arma alrededor de un libro—, ese segmento queda, al menos por ahora, fuera del alcance directo de la IA. Daniel Benchimol lo plantea con precisión: “Tal vez la cuestión no sea cómo proteger los contenidos frente a la inteligencia artificial, sino qué aspectos de la experiencia lectora resultan más difíciles de sustituir” (Proyecto 451, 19 de junio de 2026).

Esa es, me parece, la verdadera pregunta que deja el caso Ferriss. No si la IA va a reemplazar a los libros —aunque ya lo está haciendo en la franja de no ficción práctica—, sino qué le queda al libro cuando deja de ser el medio más eficiente para transmitir una respuesta. Leer libros aporta otras ventajas y desarrollos cognitivos, además de la información que trasmiten. ¿Se perderán?

La industria editorial estadounidense construyó un negocio de once mil millones de dólares sobre la promesa de resolver problemas prácticos. Esa promesa, hoy, la cumple mejor un chat gratuito. Lo que sobreviva de aquí en más tendrá que justificarse por otra razón.