Llevo unas semanas trabajando intensamente con el CHAT GPT4 de Inteligencia Artificial. Primero hice el curso completo del Programa de formación en Inteligencia Artificial para profesionales de la industria del libro que ofrece Daniel Benchimol en Academia 451. Además de su saber, el entusiasmo con que Benchimol trasmite lo que sabe lo hace ampliamente recomendable. De las diez largas clases, dejé para otra vez aquellas que se refieren al tratamiento y generación de imágenes, fijas y móviles, no porque no sea importe, sino porque no era mi principal interés.
Luego ofrecí, a los hasta ahora 153 participantes de mis masterclass sobre Cómo encontrar editorial, la posibilidad de que me enviaran un manuscrito para pedirle al Chat que hiciera una sinopsis adecuada para enviar a una editorial, uno de los temas centrales de mi clase. Les propuse que “jugáramos” para aprender, como invita a hacerlo Benchimol.
Fui recibiendo manuscritos, (hasta ahora unos 30), y con todos hice un trabajo parecido, aunque no igual, dependiendo de las respuestas que me iba dando el Chat.
En todos los casos comencé pidiendo una sinopsis, que obtenía rápidamente. Las sinopsis seguían un esquema bastante similar, un resumen del contenido de cada capítulo, a veces de solo algunos de ellos, y unas líneas sobre el autor.
A partir de allí comencé a hacer preguntas, como quien mantiene un diálogo con un interlocutor, con la ventaja de que no hay que cuidar el tono ni evitar que el otro se pueda ofender por la indistencia. En todo momento mi sensación era que yo, por ser quién preguntaba y orientaba las respuestas, era quien dominaba, el que exigía, el que no estaba conforme con la respuesta, y volvía a preguntar: yo hacía trabajar al Chat, sin horarios ni riesgo de que se cansara o me dijera que no le molestara más.
El Chat de IA, aunque no tengo ninguna duda de que tiene una cantidad de información absolutamente incomparable con la poca que tengo yo, no me daba la sensación de ser un opositor, más bien era “alguien” que respondía con un exceso de cuidado, pidiendo disculpas y tratando de no contradicirme. Yo no quería que me diera siempre la razón, esperaba otra cosa. ¡Qué confusión la mía!, me olvidaba que estaba hablando con una máquina, y que lo olvidara es una señal de la potencia del Chat.
Fui pidiéndole sinopsis de 500, luego de 1.000 y de 1.500 palabras, le pedí varias veces que corrigiera lo que no me convencía, entonces me pedía educadamente disculpas y lo volvía a hacer… muy parecido a lo anterior. No podía desviarlo de su línea de pensamiento.
En muchos casos le pedí sugerencias para mejorar el manuscrito, las respuestas era casi la misma en todos los casos, aunque los manuscritos no tuvieran nada en común: definir bien a cada personaje, buscar puntos fuertes y débiles, ser más concreto en el desarrollo de situaciones, y una serie de lugares comunes que ningún lector que hiciera un informe pondría, porque le acusarían de no haberlo leído. Mi error consistió en pensar como si el Chat “hubiera leído” el manuscrito.
También le pedí una valoración literaria, dándole un puntaje entre cero y diez, siendo diez la excelencia. Todos fueron calificados entre 7,5 y 8 lo que es estadísticamente imposible: no se puede leer 30 manuscritos y que todos sean buenos o muy buenos, como sabe cualquier editor, agente, crítico o jurado de un premio.
Le critiqué al Chat que dijera de todos que eran buenos, diciéndole que eso era imposible. Otra vez, muy educadamente me pidió disculpas, y volvió a calificarlos bajando a todos entre 0,5 y 1 punto. Tampoco me pareció confiable.
Siguiendo enseñanzas del curso que tomé, le pedí que, si no sabía algo no me respondiera, que no me diera respuestas evasivas o demasiado generales. Me pidió disculpas, y siguió haciendo lo mismo, nunca me dijo que había algo que no sabía.
En síntesis: la experiencia fue interesante y seguiré probando. A todos los que enviaron manuscritos les envié los diálogos completos, lo que dio lugar a una serie de intercambios interesantes, a veces a algún desconcierto, en otros casos decepciones, y en algunos nuevas preguntas.
Aunque hubo cosas aprovechables, quedó claro que ninguna sinopsis ni presentación hecha por el Chat es utilizable, dejan una sensación de impersonalidad, de tono y método unificado, que es lo peor que puede hacer una escritora o escritor al enviar a una editorial una propuesta de su novela: no ser auténtico.
Por eso las editoriales que exigen presentar manuscritos llenando ventanas de un formulario prefijado no sirven, porque unifican, en lugar de singularizar.
¿Cómo podrá una editora o editor encontrar un texto interesante de esta manera? La respuesta es que quizás lo piden así porque quien lee estas presentaciones no es una editora o un editor, sino un algoritmo, otro Chat de Inteligencia Artificial, y probablemente con este sistema estandarizado, entre ellos se entienden mejor. Eliminaron la molesta, inquietante e inigualable singularidad que caracteriza la buena literatura.
La Inteligencia Artificial aprende alimentándose del trabajo de las personas, sin pedir permiso a quienes han escrito los textos que usan, ni pagarles por este uso ilícito de una propiedad intelectual ajena, por lo que hay una fuerte polémica, y en Europa ya hay una ley de protección. Sin embargo, no podemos ser ingenuos, los desarrolladores de la IA son compañías mucho más poderosas que los estados, que no las pueden regular.
Mientras, no nos neguemos a aprovechar cuando la IA aporta algo interesante, yo no la haré, al contrario, pero sigo manteniendo lo que insisto en mi masterclass, citando un consejo a los escritores de Virginia Woolf: no dejes nunca de ser tú mismo.
Para terminar, quiero decirles que hice otros trabajos con el Chat, más de índole administrativa, análisis de ventas, de liquidaciones de derechos de autor, y aunque fue luego de mucho trabajo e insistencia, terminó saliendo bien. El futuro dirá.
Pero este relato no termina aquí, porque le pedí al Chat que leyera este texto y me diera su opinión. Destaco los siguientes párrafos de la respuesta:
Limitaciones del Modelo: Una crítica significativa es que las respuestas del modelo son demasiado uniformes y carecen de la singularidad que busca un editor en una sinopsis o presentación. El autor se da cuenta de que el modelo no «lee» realmente los manuscritos, sino que genera respuestas basadas en patrones preexistentes.
Evaluación y Críticas Literarias: El intento de utilizar GPT-4 para valorar literariamente los manuscritos resulta en puntuaciones poco confiables y uniformes, lo que demuestra las limitaciones actuales del modelo para realizar juicios críticos literarios complejos.
En resumen, este escrito es una reflexión equilibrada que reconoce tanto las potencialidades como las limitaciones de la IA en el ámbito literario, subrayando la importancia de la autenticidad y la individualidad en el proceso creativo.
Uno de los participantes de la masterclass que ofrecí sobre “Cómo conseguir editorial”, me preguntó para qué alguien querría publicar su libro en una edición tradicional, impresa en papel, cuando Amazon ofrecía varias modalidades de edición digital.
Mi respuesta fue que, no sólo es la forma de edición que prefiere la gran mayoría de lectores en todo el mundo, sino que, para el autor, la edición en una editorial tradicional, con libros expuestos y en venta en las librerías, sigue teniendo el valor simbólico de la consagración (en el sentido de “titulación” o como dice la Real Academia Dedicarse íntegramente a alguien o algo.
Publicar en libro de papel es el equivalente del título habilitante que existe en otras profesiones, pero no en la de escritor.
Hace unos días hice un ejercicio: tomé las ventas de ejemplares de varios libros de un autor exitoso del que tengo toda la información, y calculé cuántos ejemplares de habían vendido -en todo el año 2023- en cada formato.
El 80% del total fueron ejemplares impresos en papel, el 15 % en audiolibro, y el 5% en libro electrónico.
En los últimos tiempos lo que más me sorprendió de todo lo que leo sobre este tema, es una encuesta realizada en Estados Unidos entre centenares de librerías que están dentro de los campus universitarios, porque sus clientes son todos estudiantes, y por edad son “nacidos digitales”. Sin embargo, la respuesta abrumadora fue que los alumnos prefieren comprar los libros con los que estudian en formato papel, incluso aunque cuestan más que la versión digital.
¿Qué esta tendencia podrá cambiar? Sin duda, pero no sabemos qué sucederá, es imposible saber lo qué pasará en el futuro, pero los gurús que hace quince años anunciaron el fin de la edición de papel -que fueron muchos, muy seguros de lo que decían- evidentemente se han equivocado.
“El aumento del precio de venta de los libros en países donde no hay un precio fijo establecido se debe a varios factores relacionados con la dinámica del mercado libre. A continuación, se explican algunas razones principales:
Competencia: Sin un precio fijo, las librerías y minoristas pueden establecer sus propios precios. Esto puede llevar a una guerra de precios en la que las grandes cadenas o las plataformas en línea puedan reducir precios temporalmente para atraer clientes, forzando a las librerías pequeñas a subir precios para sobrevivir.
Margen de Beneficio: Los minoristas pueden ajustar los precios para aumentar sus márgenes de beneficio, especialmente si no tienen competencia cercana o si venden a un público dispuesto a pagar más por ciertos títulos o ediciones.
Costos Operativos: En ausencia de un precio fijo, las librerías pueden necesitar ajustar los precios para cubrir los costos operativos variables, como alquileres, salarios y logística, que pueden variar significativamente de un lugar a otro.
Estrategias de Marketing: Las editoriales y librerías pueden aprovechar para aplicar estrategias de precios dinámicos, ajustando los precios en función de la demanda, la estacionalidad y otros factores de mercado.
Accesibilidad y Exclusividad: Algunos títulos pueden ser considerados de alta demanda o exclusivos, permitiendo a las librerías aumentar los precios debido a la percepción de valor adicional o a la escasez de ejemplares disponibles.
Inflación: La inflación y el aumento de los costos de producción (papel, impresión, distribución) también pueden llevar a un incremento en los precios, ya que los libreros deben trasladar estos costos a los consumidores.
En contraste, en países con un precio fijo para los libros, se busca proteger la diversidad y la accesibilidad cultural, asegurando que los precios sean iguales en todas partes, lo que favorece a las librerías pequeñas y fomenta la lectura entre la población”
Se cumplen diez años de la publicación en este blog de tres post dedicados a este tema, y desde entonces se mantiene como el texto más leído. Las estadísticas del blog indican que, del total de 384.000 visitas, 87.000 han sido a estos textos. Lo que confirma que la cuestión ¿de qué vive un escritor? sigue siendo una preocupación prioritaria.
Después de diez años tendría que actualizar esos textos, dedicaría más espacio a las opciones digitales y a las adaptaciones audiovisuales, las dos cosas que hoy más influyen en la economía de los autores. Aunque sigue siendo esencial lo que se establece en el contrato de edición, que a veces se lee rápidamente o se firma sin negociar.
Mientras, les dejo un comentario de Ricardo Piglia que, pese a los años transcurridos, explica cómo se componen los ingresos de una escritora o escritor:
“Vivo de la literatura, pero no de la escritura, o si se prefiere, me gano la vida leyendo. En los últimos quince años he trabajado alternativamente como asesor editorial o enseñando literatura” (Ricardo Piglia, 1982, en Crítica y ficción)
Te imagino sumergido en el concurso y sus bemoles. Recibí tu artículo sobre el problema editorial y me apuro a escribirte para darte mi nueva dirección […]
Me gustó el artículo por corajudo y porque es un tema que se toca muy poco: demasiado polémico y demasiado embarullado.
Creo que una pila de cosas que vos decís ahí son ciertas. Leyéndolo me fueron apareciendo muchos comentarios, pero eso llevaría páginas enteras y mi experiencia no pasa [de] la de víctima o beneficiario de uno u otro sistema (el de los “pobres” y el de los “ricos” editores). En realidad no hay que olvidar, creo, que chicos o grandes, nacionales o multi, los editores son capitalistas y su negocio se inscribe, pues, dentro de las estrictas reglas del sistema (y esto no es peyorativo: mientras vivamos bajo régimen capitalista no es posible hacer otra política económica). Así pues, respecto a los derechos (limitados y subsidiarios) tenés razón en apuntar el beneficio que los escritores sacan (¡al fin!, aun cuando sean pocos) y el quilombo que se crea con tantas ediciones diferentes en librería. No obstante, esto parece responder a una regla de “enganche del cliente” a través del libro como objeto: diferentes tapas, tamaños, papel, etc., lo que no deja de ser patente entre una bella edición de Alianza y una horrible de Plaza: a texto igual… ¿Qué diferencia disfrazar un Citroen en AMI, Diana, 2CV? El producto vendido es el mismo, varía la presentación. O el Winston de paquete duro y paquete blando… La literatura tiene muy poco que ver con eso, claro; y ahí entra también la historia del agente literario, sobre los que tan bien escribió Chandler en sus “Cartas”.
Ahora bien, si las múltiples ediciones son perjudiciales, ¿cómo solucionar el problema de la distribución en el complejo mundo de habla castellana? Cualquier escritor sabe (y vos presentás justamente el caso Onetti) que editado en América no tiene gran chance de llegar a España y viceversa.
Y en América, editado en México, llegará difícilmente a Bolivia o al Paraguay. No queda, pues, sino la solución de coeditar: una editorial en España, una en México y otra en Buenos Aires (y quién sabe si no haría falta otra en Caracas). ¿Cómo llegar a los lectores de Puerto Rico? ¿Cómo a los de Florida y Los Angeles? ¿Cómo a Lima? He aquí un asunto al que casi ningún editor, por sí mismo, puede dar respuesta segura. ¿Cómo podría entonces pretender tomar los derechos de toda una lengua y luego editar tres o cinco mil ejemplares?
En cuanto a los escritores nuevos, siempre tuvieron dificultad para editar. Ni hablar de los poetas y los cuentistas. Un editor chico, salvo un puñado de gente honesta, no aceptará publicarlo por miedo a perder su ya endeble estructura (es más barato y seguro comprar un extranjero a bajo precio) y si lo publica no podrá (o no querrá) pagar porque su plusvalía es insignificante. Un monopolio –Bruguera, Plaza, Planeta, etc.— lo tomará, es cierto, cuando haya rendido examen de ventas o de prensa (los poetas ni así). Pero, alguna vez, deberá tomarlos, porque los “grandes” escritores no pueden producir libros como chorizos, a razón de uno o dos por año a riesgo de producir porquería o de saturar su propio mercado. Es decir, una colección “monopolio” deberá, tare o temprano, apelar a los “nuevos” de calidad que le cuestan menos y salen respaldados por una colección prestigiosa amparada en los “grandes” (caso Narradores de Hoy o Seix Barral). Por lo tanto, si un editor ya grande debe asociarse a bancos para “comprar” los derechos de un García Márquez en cientos de miles de dólares, él sabe que no compra sólo un “texto”, sino un nombre capaz de vender cientos de miles y, a la vez, la cobertura del prestigio editorial que le permitirá luego presentar a Juan Pérez como el más grande narrador de los últimos veinte años. ¿Qué problema si el contrato se limita a dos años? Si un libro no se vende suficientemente en dos años no se venderá más (hablo del best seller, claro) y nadie tendrá ganas de renovar contratos. Si se vende, como es previsible, el editor no debería tener problema en volver a “ponerse” con un anticipo por otros dos años una vez consultada la computadora que calcula mercados y posibles ventas. En ese punto, pues, no estamos de acuerdo; tampoco en el que intenta demostrar que una editorial de 2.500 empleados es más capitalista que una de 20; las reglas son las mismas, y las de 2.500 (ej. Einaudi, Mondadori) empezaron con cuatro o cinco empleados a medio tiempo, y claro, mal pagados. Cierto: el poder del monopolio está en destruir al pequeño y luego comprarlo una vez que este se ha hecho un nombre, pero allí de nada vale protestar o alarmarse: el capitalismo es salvaje o no es; cuando vos decís que el objetivo de estas empresas (los monstruos) es la rentabilidad, parecerías decir que el de las chicas no lo es. Guillermo, todos sabemos que el edito chico es a veces un artesano que ama su trabajo, pero jamás olvidará que ese trabajo debe dejar ganancia. Podrá darse el gusto de publicar uno o dos libros que den pérdidas, pero el grande (ver Gallimard) también “pierde” con muchos autores a fin de ganar en lo que llaman “fondo editorial” o el prestigio (¿cómo explicar si no la colección “Du monde entier”?). Un proyecto cultural “serio” y un proyecto editorial bastardo tienen intenciones morales diferentes, pero necesitan del mismo elemento: guita; acumulación, reinversión. Un autor al que se le paga un par de cientos de dólares de anticipo (o nada en la mayoría de los casos) y tiene éxito, querrá legítimamente, en una segunda oportunidad, “cobrarse” las deudas atrasadas; si el chico no puede, las pagará el grande. Lo contrario sería pretender que Gardel, si viviera, cantara en los cafetines de los amigos y grabara en Producciones López en lugar de CBC, RCA o más lejos aún, en una grabadora propia (trasladado a la edición ver “Orchid Enterprise S.A.”, de James Hadley Chase).
Tal como decís, es un círculo vicioso.
El problema de los agentes es más o menos el mismo (yo nunca he recurrido a ellos salvo para los países escandinavos o esos lugares donde sólo ellos conocen el asunto): un agente se interesa en los “grandes” que dan guita rápida; un buen agente aprovechará para vender el “paquete” (un grande y dos chicos: lo toma o lo deja, y el editor, si quiere el grande deberá aceptar a los chicos) y tratar de “hacer” de los chicos un buen negocio en el futuro.
Los escritores progresistas necesitan, en general, tiempo y dinero para escribir y también para ser progresistas, así como ineluctablemente irán a engordar a los monopolios, no por identificación, sino porque jugar en River o Boca no es lo mismo –en cuanto a público- que hacerlo en All Boys o en Tigre. Hacen igual que los progresistas, pero tal vez con culpa (pero no exageremos la culpa tampoco). El mecanismo es terrible, pero real. Tu ejemplo de Onetti es patente y la única culpa de su agente es no haber coeditado, de manera de vender tres veces más en América que en España. Pero gracias al recurso de derechos “recortados” él podrá vender, por ejemplo, bolsillo en América a otro editor. Vos decís que Onetti no está en las librerías mexicanas pero de Benedetti hay pilas: es cierto, pero son pilas de libros de Mario que no se venden en España, donde la poca fuerza o interés de Arca lo dejó casi desconocido. No olvides tampoco que, las preguntas finales de tu artículo no plantean el problema de la censura, que hace que no se pueda publicar en ningún país del cono sur y reduzca el enfrentamiento España-México. En carne propia yo he vivido el problema: por sabe dios qué despelote de edición, mi último libro que no puede ir a Argentina no está en Montevideo tampoco, lo que parecería ser elemental dado que millones de argentinos (los que compran libros) pasan allí sus vacaciones. Es elemental que si Onetti no está en Montevideo, debe estar en Buenos Aires, pero seguro que no está.
Ya ves, he leído con atención tu artículo y aprovecho la carta para mandarte estas impresiones (siempre el oficio de editor me fascinó y desconcertó al mismo tiempo), que un escritor no debería hacer nunca por prudencia o por cinismo (en general, en las charlas de salón, los escritores hacen como que la cosa los tiene sin cuidado: eso es cosa de agentes, etc., pero yo confío tanto en el desinterés de los escritores como en el de los directivos de la Coca Cola).
Guillermo, aprovecho para enviarte un fuerte abrazo. Si ves (qué pregunta) a Julio [Cortázar] dale cariños de mi parte y un beso a Carol. Hasta pronto.
Tengo más de cincuenta años de frecuentar librerías, y nunca se me ha acercado nadie —librero (independiente o no) o…
Otra vez da en la tecla. Deja una flecha en el aire. Muchas gracias.
Guillermo, estas reflexiones son una luz en la búsqueda de lectorado. Muy interesante y a tener en cuenta. Me viene…
¡Gracias! Como siempre, mucho y bueno por aquí. Buscaré los libros que menciona. Curioso el asunto con los medios sociales…
Muchas gracias, Willie, por tu posteo y la recomendación de artículos y págias web. Creo que pronto voy a tener…