Uno de los participantes de la masterclass que ofrecí sobre “Cómo conseguir editorial”, me preguntó para qué alguien querría publicar su libro en una edición tradicional, impresa en papel, cuando Amazon ofrecía varias modalidades de edición digital.
Mi respuesta fue que, no sólo es la forma de edición que prefiere la gran mayoría de lectores en todo el mundo, sino que, para el autor, la edición en una editorial tradicional, con libros expuestos y en venta en las librerías, sigue teniendo el valor simbólico de la consagración (en el sentido de “titulación” o como dice la Real Academia Dedicarse íntegramente a alguien o algo.
Publicar en libro de papel es el equivalente del título habilitante que existe en otras profesiones, pero no en la de escritor.
Hace unos días hice un ejercicio: tomé las ventas de ejemplares de varios libros de un autor exitoso del que tengo toda la información, y calculé cuántos ejemplares de habían vendido -en todo el año 2023- en cada formato.
El 80% del total fueron ejemplares impresos en papel, el 15 % en audiolibro, y el 5% en libro electrónico.
En los últimos tiempos lo que más me sorprendió de todo lo que leo sobre este tema, es una encuesta realizada en Estados Unidos entre centenares de librerías que están dentro de los campus universitarios, porque sus clientes son todos estudiantes, y por edad son “nacidos digitales”. Sin embargo, la respuesta abrumadora fue que los alumnos prefieren comprar los libros con los que estudian en formato papel, incluso aunque cuestan más que la versión digital.
¿Qué esta tendencia podrá cambiar? Sin duda, pero no sabemos qué sucederá, es imposible saber lo qué pasará en el futuro, pero los gurús que hace quince años anunciaron el fin de la edición de papel -que fueron muchos, muy seguros de lo que decían- evidentemente se han equivocado.
Tuvimos una librería y en ella, los domingos, teníamos un club de lectura que un amigo de nosotros y de la librería atendía muy bien.
En una ocasión durante la plática de un domingo, una joven estudiante nos hizo saber cómo en su institución de la que eran alumnos, una escuela privada de nivel de licenciatura, los incitaban y les daban talleres y cursos para que usaran los libros digitales. Y como eran tan insistentes en los talleres a que adoptaran dichos libros y lo comentó con uno de sus maestros y éste le hizo saber que la institución ganaba una comisión al implantar los libros en éste formato, el digital. Fue como entendió porqué tanta insistencia.
Y nos confesó que por mucho que la institución insista ella sabe que no aprenden igual, y que no les parece tan atractivo el formato digital.
Otro maestro de otra escuela también a nivel licenciatura me comentó muy molesto cómo sus directivos les insistían y presionaban para que recomendara a sus alumnos la lectura en digital. A él mismo le querían imponer ése tipo de formato y muy molesto decía que no sabía qué hacer porque por un lado necesitaba el trabajo y por otro no estaba convencido que tuviera que presionar a sus alumnos a que leyeran en formato digital.
Aunque leo mucho en Kindle, por aquello de poder poner la letra grandota, sigo prefiriendo los libros en papel. Siempre se asocian a un recuerdo: la librería donde se compró o si alguien me lo regaló, los lugares a los que lo llevé (leí Santa Evita durante un viaje en tren de LA a Albuquerque), los colores de las portadas… Con los eBooks a veces me ocurre que no recuerdo la portada y en los peores casos, ni el autor…A lo mejor es mi memoria menopaúsica, pero eso no me pasa con los libros tradicionales.
Muy interesante, como siempre, Willie. Abrazo. Carlos Gabetta