Se cumplen diez años de la publicación en este blog de tres post dedicados a este tema, y desde entonces se mantiene como el texto más leído. Las estadísticas del blog indican que, del total de 384.000 visitas, 87.000 han sido a estos textos. Lo que confirma que la cuestión ¿de qué vive un escritor? sigue siendo una preocupación prioritaria.
Después de diez años tendría que actualizar esos textos, dedicaría más espacio a las opciones digitales y a las adaptaciones audiovisuales, las dos cosas que hoy más influyen en la economía de los autores. Aunque sigue siendo esencial lo que se establece en el contrato de edición, que a veces se lee rápidamente o se firma sin negociar.
Mientras, les dejo un comentario de Ricardo Piglia que, pese a los años transcurridos, explica cómo se componen los ingresos de una escritora o escritor:
“Vivo de la literatura, pero no de la escritura, o si se prefiere, me gano la vida leyendo. En los últimos quince años he trabajado alternativamente como asesor editorial o enseñando literatura” (Ricardo Piglia, 1982, en Crítica y ficción)
Querido Guillermo:
Espero con ganas esa actualización de tus entradas más populares, tan ilustrativas.
Hace unos meses hablé con un reputado escritor español del tema de tu post.
Le conté que, donde vivo, los escritores -incluidos los noveles como yo- cobramos por cada evento en el que participamos durante la promoción de nuestras obras (presentaciones, lecturas, mesas redondas, festivales de mayor o menor importancia, etc), lo que contribuye a mejorar nuestros exiguos ingresos por adelantos o por royalties.
Me dijo que él sí cobraba por los eventos promocionales, pero que en España “lo normal” es que no se pague a los escritores noveles (ni siquiera el transporte o la comida, ya no hablemos del alojamiento). Lo justificó diciendo que cuando él empezó, tampoco cobraba.
Traté de explicarle que si un escritor novel cobra 0 y a uno consagrado como él le pagan 300, si al novel le pagasen 300, él cobraría 600. Me dijo que eso no se le había ocurrido. Le insinué que la gente de su talla eran quienes podían cambiar las cosas. Me replicó que ya era demasiado mayor.
Quizá la situación podría cambiar si los autores y autoras consagrados entendieran que el “que se jodan como me jodí yo en su momento” les está impidiendo aumentar sus propios ingresos.
Eso, y bajar el margen a las librerías para dárselo a los autores. Es muy injusto que el distribuidor se lleve hasta un 40% del precio del libro por tenerlo expuesto unos días en la mesa de novedades y luego pasarlo a ese corredor de la muerte llamado estantería.
Los autores, al final, somos como los agricultores: los peor pagados en la cadena de producción, cuando resulta que, sin nosotros, todos los demás no comerían.
Una lástima porque el arte solo puede tener lugar por amor, y esa bendición, que no tiene precio, es al final nuestra maldición.
Saludos,
Mónica.
No.puedo desuscribirme, por favor me ayudan? Gracias
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Cierto que la mayoría de los escritores tenemos trabajos «de pan ganar.» Con suerte, más o menos relacionados con la literatura. La educación superior nos ofrece un refugio seguro, puerto de abrigo, por eso muchos escritores sacan (quizás debería decir sacamos) un doctorado aunque sea en empinar chiringas.
Creo que no me gustaría pasarme la vida leyendo escritos de otras personas, menos corrigiéndolos, porque me quitaría las energías para dedicar a lo mío.
Gracias por todos estos posts.