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En ese año la gran preocupación era la que se creía la peor amenaza mundial contra la salud: la epidemia de ébola. En Madrid, algunos estaban conmovidos por la abdicación del rey, después de unos años penosos. Su majestad dijo por televisión “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a suceder«.

Diez años de un blog no hablan de calidad, pero sí de constancia.

El primer post que publiqué fue muy breve (lo copio abajo) y más de cien años después sigue teniendo absoluta vigencia. Obviamente no lo escribí yo, fue el editor de Kafka.  

Tuvo 606 lectores, que sigo preguntándome de dónde salieron. Dos me gusta y un comentario, firmado por J.S.A: “Kurt era un visionario. Nadie hubiera apostado por Kafka, excepto él. Hizo bien”

Los consejos del viejo lobo

“Todo buen libro debe aparecer en el momento oportuno, en la editorial conveniente, y rodeado del entusiasmo que merece. De lo contrario se tratará de una publicación perdida”

Kurt Wolf, Leipzig, 1913

Cuatro años antes de iniciar mi blog, la Revista de Libros escribió:

“El editor Kurt Wolff, de quien la editorial Acantilado acaba de publicar, en traducción de Isabel García Adánez, Autores, libros, aventuras, pertenece a la época en que la edición se consideraba un oficio de caballeros. En aquellos tiempos, un editor sostenía sin lugar a duda que el patrimonio de la casa editorial para la que trabajaba, o bien el de la casa editorial de su propiedad, era su catálogo, es decir, sus autores. El catálogo era la imagen de la editorial, una imagen que se creaba a partir de una oferta que procuraba confianza y credibilidad a sus lectores y esa imagen tanto era avalada por sus más destacados autores como avalaba a los nuevos o semidesconocidos creadores. El mismo Kurt Wolff exponía así su visión de la figura del editor: «Uno edita bien los libros que considera que la gente debería leer, no los libros que piensa que la gente quiere leer. Los editores de la segunda categoría, es decir, los editores que obedecen ciegamente al gusto del público no cuentan».