En la publicación de un libro hay muchos profesionales que trabajan en el proceso editorial. Poco se sabe de ellos y qué hacen, aunque sin su intervención los libros nunca saldrían de la mejor manera.
Pensé en lo que no se ve leyendo el blog Pulmón Creativo, de Enrique Avogadro (a quién copio el título), en el que habla de “quién forma, certifica y celebra a los técnicos que sostienen la cultura”. Se refiere a lo que sucede en el teatro, donde no se ve “a los maquinistas, tramoyistas, iluminadores, sonidistas y tantos otros oficios que el público no ve y sin los cuales no habría obra posible”.
En el mundo de libro sucede lo mismo, aunque más que no verse, en realidad parecieran ser “invisibilizados”. Comenzando por alguien cuyo trabajo es determinante para el resultado final: el editor, en el sentido que el término tiene en inglés, éditor con tilde en la e.
El editor (o la editora, claro) es quien elige qué publicar, y luego trabaja con el autor en el manuscrito, sugiriéndole cambios, reordenamientos, aportando todo aquello que su saber le permita para tratar de que las ideas o historias lleguen al lector de la mejor manera posible.
El editor es, dentro de la editorial (en especial si es una grande) el cómplice del autor, quien lo defiende y trabaja pensando en el lector: el editor mira hacia afuera de la editorial, lo que lo diferencia del Publisher (CEO, Gerente, Director General), que es quien mira hacia adentro, cuida su funcionamiento y los resultados económicos. El primero se refiere a la profesión de editar, y el segundo al negocio de publicar.
Un buen editor garantiza que los libros salgan lo mejor posible, y aporta valor a la construcción de la marca de una editorial. Hay otros colaboradores también, que no es que no se vean, sino que se invisibilizan, como los diseñadores, maquetistas, correctores, publicistas, comunicadores y varios más, lo mismo que sucedía hasta hace unos años -aunque hoy parezca increíble- con los traductores.
¿Alguien ha visto, en una presentación, que el autor y el editor estuvieran acompañados de algún otro profesional de los que ha hecho posible el libro? ¿Por qué nunca se los entrevista? ¿Por qué no se los menciona en la página de créditos que tienen todos los libros? A eso llamo invisibilizar.
Estos y otros profesionales formaban parte fundamental del equipo de trabajo interno de cada editorial, que en los últimos años se “externalizó”. Cuanto más capacidad y compromiso tenía el equipo, mejor salían los libros. Por eso los lectores confían tanto en lo que publican algunas editoriales y en otra no. No solo se requieren autores reconocidos, creativos, originales, es el conjunto del libro el que debe estar bien. Libros de un excelente contenido se arruinan si no están bien publicados. Nada en un buen libro es casualidad.
Los autores sí que los reconocen, y muchas veces los incluyen en los agradecimientos. Vean lo que dice Mariana Enriquez de Juan Forn, su primer editor: “me cambio la vida”[1]
Muchas gracias por el artículo, muy acertado. Lo que sí, no estoy muy de acuerdo con que el «éditor» defiende y colabora con el autor «sobre todo en las editoriales grandes». Las editoriales independientes hacen generalmente el esfuerzo de trabajar con un autor, apostar por él aunque se trate de un desconocido, ayudarlo a difundir la obra como se merece, etc. Lo que sí ocurre es que muchas veces, luego de ese gran esfuerzo del editor independiente, cuando el libro logra un gran resultado el autor es captado por una editorial grande. Basta como ejemplo el caso de Cometierra, de Dolores Reyes.
Creo q este artículo debería ser considerado el primer paso para visualizarlos a todos. Un artículo por cada profesión que está presente en los libros para darles voz estaría genial. Conocer cuál es su cometido, las dificultades que enfrentan, cómo se formaron y se actualizan, cómo ven su futuro, cada uno de ellos por ramo. Un abrazo y gracias por tus artículos. Siempre los leo.
En la edición editorial tradicional, la decisión de que el corrector de estilo figure en los créditos legales debería ser consensuada entre el autor, el editor de textos y el corrector de estilo.
No siempre conviene ser nombrado en los créditos como profesional de la edición que intervino en el proceso de producción editorial de determinado libro. Los correctores de estilo, por ejemplo, debemos resguardar nuestro buen nombre profesional si perdimos algunas negociaciones con el autor (de las realmente importantes, sobre la microedición o la normativa; por ejemplo, en originales con sesgos o prejuicios sociales inaceptables, o normativa completamente desactualizada e inadecuada).
En la autopublicación, el consenso debería darse entre el autor y el corrector de estilo que hace microedición; en este caso es más fácil: hay mayor cercanía laboral o comunicación.
Es muy bueno hacer visible ese trabajo invisible.
Muy cierto, Willie.
Abrazo,
Marcela
Muy cierto. Hay tantas personas detrás de un libro, de una edición bien hecha… Hace unos días tuve el gusto de conocer en persona a mi editora de Soho Crime y a la publicista y fue un verdadero placer.
«Nada en un buen libro es casualidad.»
Muchas gracias, una aportación más, valiosa. El sábado hablaba en un curso sobre todo el trabajo invisible en una, en todas, las empresas editoriales y que hacen posible que un libro sea.
Hay una pregunta que nunca he podido responder con certeza: ¿Por qué, a diferencia de lo que sucede con las películas, en los libros no se pone una lista de quienes han participado en su hechura? ¿Por qué esa invisibilización? ¿Será parte de la precarización, falta de profesionalización del trabajo? (Y me imagino a un, una directora que dice «tengo un sobrino/sobrina que escribe muy bien, y puede hacer la corrección…»)
Me imagino al director de una empresa editorial que se pavonea presumiendo los éxitos que, en muchos casos, ni idea tiene de qué ni quién es el autor y nunca dice nada sobre el EDITOR, ese que construye el catálogo, etc.
Gracias, Guillermo. Gran artículo.
Esa debería ser la página de créditos y en muchos casos (cada vez más) lo es.
Las texteras suelen incluir la lista de todas las personas que han participado en el libro
Gracias, Guillermo. Como editor de mesa me siento representado por los perfiles invisibilizados que mencionas.
Esto sucede, básicamente, dentro del circuito de la edición tradicional, donde además de la invisibilidad hay precariedad.
En la autopublicación, donde el autor asume los costes de publicar su libro y encarga a los profesionales de la edición la ejecución de los servicios editoriales, es más habitual que estos profesionales participen en la presentación de su libro y tengan una mención en la página de créditos.