El trabajo de los escritores siempre ha sido escribir, y si tenían algún deber, era el de hacerlo cada vez mejor. Hasta que llegó el siglo XXI, y además de escribir, los escritores tienen que buscar editorial, y cuando la encuentran y el libro se publica, volcarse de tiempo completo en la promoción, para que el libro se pueda vender, sin que importe que sepan hacerlo o no. Es un gran cambio, porque vender siempre había sido función de la editorial.
Lo paradójico es que los autores realizan estos trabajos extra sin cobrar, algo difícil de comprender en cualquier otro ámbito profesional.
Una señal de lo complejo de la situación es que mientras los autores tienen que cobrar más y mejor, las editoriales necesitan ganar más, para que sus propietarios no desvíen inversiones a otras actividades más rentables, como está sucediendo.
Que las dos cosas -pagar mejor y ganar más- sean factibles, parece una entelequia pero no lo es. Hay formas de lograrlo, que requieren de una postergada modernización del modelo del negocio del libro, porque el actual no da para más. Es curioso que la digitalización ha modificado los procesos, pero no la economía de la edición. Algo parecido a lo que está sucediendo con la Inteligencia Artificial, que se utiliza como herramienta para reducir costes, en lugar de aprovecharla para rediseñar por completo la actividad.
Hay autores a quienes trabajar en la promoción les gusta, se mueven como pez en el agua, son hábiles en la redes y les dedican mucho tiempo. Pero no todos lo disfrutan, hay quienes no saben o no quieren hacerlo, lo que es comprensible, pero reduce las posibilidades de venta del libro, y eso pone en riesgo la publicación de la obra siguiente.
El oficio de vivir
En términos económicos, los escritores siempre dependen de otro: de otro trabajo o de otro que se hace cargo de los gastos. Las dos situaciones son discriminatorias, porque dejan afuera a una mayoría que no tiene esas posibilidades. Quienes las tienen, también pagan costos de otra índole.
Los escritores no saben que en ningún país los autores viven de las regalías por la venta de sus libros, o por lo menos no solo de ellas. Incluso para los pocos que venden millones de ejemplares, las regalías representan son una parte menor de los ingresos. Un escritor que vende mucho gana más por conferencias, asistencia a ferias y festivales, participación en eventos, contratos con productoras de cine o series de televisión, que por la venta de libros.
La expansión del oficio
La clave está en obtener, a partir del libro, otros ingresos de diferentes orígenes, explotando a fondo los “derechos derivados” o “subsidiaros” que, como su nombre lo indica, son otros aprovechamientos de la misma obra. El libro, preferentemente en papel, en venta en librerías, sigue siendo lo más deseado, pero hay otros recursos económicos a partir de él, otras formas de aprovechar el trabajo ya realizado: traducciones, audiolibros, dramatizaciones teatrales, radiofónicas, podcast, uso de fragmentos en la enseñanza, cómics, libros ilustrados, video- juegos, adaptaciones al cine o series de televisión y varios más.
Los ingresos por estos usos son pura ganancia, porque no hay nuevos costos para el autor ni para la editorial. Generar y diversificar las fuentes de ingresos por una misma obra, es la única forma en que un escritor pueda ganar más.
Las editoriales lo saben, porque siguen directivas de sus casas matrices que están en países centrales, y copian lo que se hace en los grandes mercados, por eso exigen que el autor les ceda todo tipo de derechos, aunque luego no puedan o no sepan explotarlos. Los exigen sin ofrecer contrapartidas ni tomar compromisos. Es curioso, las editoriales no desarrollan una posibilidad de mejorar sus resultados y a la vez generar nuevos ingresos para sus autores, bloqueando posibilidades al autor. En cuanto surge alguna oportunidad no atendida, ya sea por falta de reacción rápida o porque no es significativa para la editorial, estalla el conflicto entre el autor y la editorial, porque se pone en evidencia la diferencia de intereses, provocando daños en una relación que conviene cuidar. A veces hay propuestas que no son económicamente atractivas para la editorial, pero pueden ser muy interesantes para el autor.
Las agencias literarias
Las agencias literarias en España y Latinoamérica tienden a consolidar a escritores más que a descubrir nuevas voces. Son empresas pequeñas con gastos grandes, porque es muy costoso operar en el mercado internacional.
Aunque toda agencia quiere encontrar obras originales, promover nuevos escritores lleva mucho tiempo e inversión. Para poder hacerlo, necesitan tener excedentes económicos para afrontar la apuesta, que siempre es a largo plazo y sin garantía de que saldrá bien. Por eso a los escritores les resulta tan difícil encontrar una agencia que los represente, todas reciben tantas solicitudes que ni pueden responder.
Una agente de Nueva York escribió en su blog que, en 2025 revisó, leyó -parcial o totalmente- mil manuscritos de autores inéditos, terminando por incorporar a dos. Una editora francesa contó en la revista Lire que, gracias a que vivía a una hora de tren de la editorial, disponía de tiempo para revisar dos manuscritos cada día. De las lecturas de un año, contrató uno.
Hay agencias que, para sobrevivir, piden a los autores que solicitan representación una determinada cantidad de dinero, que les devolverán si venden la obra. Otras cobran gastos de participación en ferias, o cobran por hacer informes de lectura, desvirtuando su función. Una verdadera agencia es aquella que apuesta por sus representados, asumiendo todos los riesgos que eso implica, incluyendo el de los escritores que no tienen paciencia para esperar los frutos de este trabajo y se van sin esperar los posibles resultados, que pueden demorar un año o dos y a veces más.
Aprender a negociar
Los escritores que comienzan -todos, en realidad- deben aprender a negociar. Negociar no es algo emocional, es un proceso de comunicación entre dos partes que buscan llegar a un acuerdo sobre algo en lo que tienen intereses diferentes, como sucede entre el autor y la editorial.
Hace veinte años. ningún escritor hubiera imaginado que, además de escribir bien, tendría que aprender a vender y a negociar. Más trabajo para los escritores, en un mundo que cambia a tanta velocidad, que no da tiempo a comprender. Todo en el mundo cambia, en el del libro y la edición también, aunque demasiado lentamente.
Guillermo,
Quizá el mayor inconveniente radica en que el mercado tradicional del libro es muy chiquito. El porcentaje de la población que va a librerías es bastante bajo (al menos en Argentina, pero supongo que pasa en todos lados). Cuando uno se sale del esquema, se da cuenta de que las posibilidades de encontrar lectores crecen considerablemente. El trabajo es arduo pero los resultados son gratificantes.
Abrazo!
Estimado Guillermo, mayor gusto, le cuento que mis primeras dos novelas vendieron cerca de 10.000 ejemplares, entre 2014 y 2016. Recibí elogios, promesas de hacer películas o series con ambas: me entusiasmé. La editorial un tiempo después cerró y mis libros quedaron «colgados». Hace poco volví a publicar 200 ejemplares de la primera cuyo nombre es Determinación, ya no quedan más. El efecto de esa novela continúa, pero fue vendida solo en la zona en donde vivo: Rosario, Santa Fe y en mi zona de origen Río Negro.
Hubo miles de intentonas de distribución, pero uno está solo y uno trabaja de otra cosa para sobrevivir. Soy peluquero, periodista cultural y mi local cuenta con 2500 libros que las clientas leen mientras les toma la tintura.
Escritores de varias provincias, incluso Capital Federal, llevan sus libros a la peluquería: algunos se reseñan en redes o en medios de comunicación. Incluso se hacen eventos culturales, presentaciones de libros, lecturas, etc, ¿qué más se puede hacer con todo esto, no? O cuándo uno de mis libros podría conseguir otro recorrido, en especial cuando las devoluciones son favorables.
Por supuesto que envié email a su agencia en aquellos años y también a otras, la respuesta ya la sabemos y la increible demanda de escritores también la entendemos, pero como en el cuento de Kafka, «Un mensaje imperial», aquí esperando al mensajero.
Un saludo y muy instructiva su nota, el título no puede ser más acertado. Ni le cuento todo lo que me moví por algunas provincias solo, en mi auto, representándome, presentando y costeando los gastos con las ventas con los libros.
Una sola anécdota: en San Antonio Oeste, Río Negro, vendí más de 300 ejemplares en la presentación de mi segundo libro, el nombre: El Santo de Saco Viejo. Un policial con toques místicos y oníricos que se desarrolla en ese pueblo. Con esa venta no solamente pude costear los gastos, sino que pude terminar una parte de la construcción de mi casa. Eran otros tiempos.
Un abrazo
¿Y la literatura?
En este blog sólo se habla de plata.
Exigir al escritor ser experto en redes, influencer, trabajador multifacético y, además, negociante desvirtúa su condición y perjudica su trabajo. La situación es tan grave que así la industria editorial está promoviendo la industrialización del oficio y con ello una rara especie de profesional de la literatura: el «escritor que no escribe». Así lo expongo en este texto: http://gustavoforeroquintero.com/articulos-de-opinion/2025/6/5/las-ironas-de-la-industria-editorial
Causa desanimo haber escrito algo que consideramos bueno, que nos gusta, que supera nuestra propia exigencia, y no conseguir que alguien le dedique un poco de tiempo a considerarlo. Es muy frustrante cuando crees que tienes algo bueno entre manos,
Javier, en español se publican 14.000 novelas de nuevos escritores al año, no es poco. Es un gran esfuerzo trabajar en presentarlo a las editoriales de la manera mas correcta, pero se logra. Abrazo
Y como todos se venden a la vez, casi ninguno destaca. Demasiado ruido.
Es tal vez ingenuo, pero creo que los libros hablan por sí solos y el autor no debería decir mucho más de lo que ya dijo por escrito.
Gracias por la entrada
Un saludo
El mayor perjudicado de todo este embolado es el lector: se enfrenta a una avalancha de novedades donde manda demasiado la rentabilidad y demasiado poco la calidad y el cuidado en la selección. Al final, lo que llega a sus manos suele ser lo que mejor se vende, no siempre lo que mejor está escrito.
La sobreproducción hace que los libros duren semanas en las mesas y desaparezcan antes de poder encontrar a su lector natural, mientras otros canales, con apenas filtro, inundan el mercado de títulos débiles que el lector no puede cribar solo. Por eso, más que aprender únicamente a vender libros, tendríamos que pensar en cómo promover la lectura, el criterio y la sed de letras: clubes, prescriptores independientes, espacios de crítica y educación que devuelvan peso al juicio lector frente al algoritmo.
Y en medio de esta selva de intermediarios, los autores llegamos tarde a una carrera en la que casi todos cobran menos quien escribe, como bien apuntabas, obligados a sostener “lo nuestro” verdadero con otros trabajos también “propios”. Negociar es imprescindible, sí, pero también lo es que todo el sistema asuma su parte: menos ruido, más apuesta de fondo por la obra y el catálogo, más transparencia en los derechos y un compromiso real con el lector como centro, no como simple consumidor cansado. Porque hoy, para muchos autores, el primer paso sigue pareciendo un muro que no sabemos si hay que cruzar a codazos, con explosivos… o rezando.
Es tan cierto lo que cuenta, como siempre, que dan ganas de llorar. Cuando empecé a escribir, me centré en aprender a escribir, me pareció lo lógico. Incluso terminé una segunda carrera en la universidad para formarme en teoría literaria y dejé mi trabajo como informática y ahora soy profesora de Literatura e Historia.
Sin embargo, en lugar de eso, debería haberme dedicado a las redes sociales. Hace un año, a través de mi agente literaria, ofrecí una idea a una gran editorial. Les encantó, pero la modificaron tanto tras meses de hacerme trabajar en diversas versiones que tuve que rescindir el contrato. No fui capaz de conseguir que la editora me dedicara media hora de su tiempo para saber qué era exactamente lo que quería que yo escribiera. Todas las indicaciones me las daba, por email, mi agente. A ambas les estoy muy agradecida, por supuesto, porque ambas creyeron en mí (o algo parecido) y gracias a ellas, volví a creer en mi escritura.
Pero próximamente, tanto la editora como la agente con otro de sus autores, bastante famoso ya, van a publicar novelas que se asemejan al tema que yo les ofrecí. No digo que me hayan plagiado, eso no es plagio, las ideas fluyen, pero en el caso de la editorial, el autor que publicará un libro con un tema similar y sobre todo con la orientación de mi idea original es un bookstagrammer con tantos seguidores que no puedo poner la cifra para que no se reconozca.
Además de todo lo que usted dice, a los autores sin una presencia significativa en redes algunas grandes editoriales nos ningunean en todos los sentidos. No todas, eso hay que dejarlo claro, yo sigo confiando en ciertos editores, quizá más por romanticismo que por convicción, pues al leer a Enrique Murillo se te aclaran las esperanzas de un golpe.
En breve publicaré en un sello literario independiente, no planetario aquella novela que surgió para una gran editorial. Es el único lugar donde hasta ahora he encontrado un EDITOR. Alguno de los anteriores llegó a decirme que yo no tenía ni puta idea de lo que era la literatura si me creía que ser escritora era vender en una mierda de sello aquello que yo quería contar.
Gracias por compartir lo mucho que sabe. Un saludo.
Repetí el mensaje porque había un par de erratas. Disculpas 🙂
Amalia, ¡buena suerte! Voy a buscar tus libros.
Mil gracias, Teresa. Ahora solo queda sin descatalogar «El Paseo de los Canadienses», y si la adquieres online. Las otras están pirateadas, pero a menudo no en versiones definitivas, para mayor desgracia. La nueva sale en febrero. Abrazo
En la FIL-Guadalajara, 2025, ya había autores independientes vendiendo sus libros en algunos stands. Yo llevo haciendo esa tarea durante 12 años participando en las principales ferias de México: «Directo del autor al lector», y fui poco a poco hasta manejar un catálogo de 12 títulos. También he recibido regalías publicando con editoriales, pero se gana mucho más por cuenta propia que con las pírricos porcentajes que pagan las editoriales. Por esa razón monté mi propio proyecto editorial https://www.alitademosca.com/
Es una situación que amerita esfuerzo intelectual para ser resuelta del mejor modo para todos los involucrados. Un esfuerzo más entre tantos que mencionas. Un gusto haber leído el artículo.
Muy cierto todo lo que dice, como siempre.
Tener alguna presencia en los medios sociales, por mínima que sea, es casi un requisito para los autores hoy día. Personalmente, uso Facebook y LinkedIn, pero no Instagram, mucho menos TikTok (¡uf!)
Me gustaría saber lo que piensan otros autores de Substack…estoy escribiendo un artículo sobre la influencia (positiva, negativa o neutra) que tiene en la venta de libros. Hasta el momento, todas las respuestas de mis entrevistados tienen a ser del tipo “es buena para formar comunidad, no para vender.”
No puedo estar más de acuerdo con todo lo que expones. Y me llega en el mejor momento, porque con 3 manuscritos listos y dos a la espera, siento que un año de espera es mucho… pero parece que es lo normal 😅. gracias, como siempre, por inspirarnos aliento, ponernos más al tanto de qué es esto y qué esperar, y ayudarnos a respirar hondo a sabiendas de en qué nos estamos metiendo.
Es cierto: cualquiera tiempo pasado fue mejor para los escritores, venti anni fa. M. Duras podía sufrir con las adaptaciones de sus novelas al cine, pero nunca debió promocionar nada. Para los agentes, como bien decís, tampoco es fácil manejarse a valores de mercado internacional. Y sí, hay escritores que nadan bien en las redes y la autopromoción, pero para otros es como cenar con Enrique VIII. La digitalización tiene su luna propia. Y aunque los escritores puedan sacar ventaja según afirmås, los editores no siempre ceden. Pareciera que las voces nuevas desafinan para las editoriales. Y que es más fácil encontrar oro que un editor al que algún sonido nuevo lo impacte. Muy clara tu nota. Gracias.