Este ha sido el comentario de un lector de mi blog, publicado hace un par de semanas: «¿Y la literatura? Aquí solo se habla de dinero” (en realidad escribió «plata», no dinero). Pocas palabras, pero certeras. Me llevó a reflexionar: ¿es un reproche, o una constatación?
Este lector tiene razón: en este espacio no hablo de literatura, no comento ni analizo novelas, no reseño libros, no doy consejos para superar el bloqueo, no hablo de tendencias. Hablo del ecosistema que rodea y contiene al libro y la edición, y muy seguido de la situación profesional del escritor (contratos, derechos que se ceden y no se utilizan, adaptaciones audiovisuales, máximo aprovechamiento de los derechos derivados, la forma de obtener más ingresos de un mismo libro, y de cómo hacer para que los autores y las editoriales también puedan ganar más. Este tipo de temas.
Existen excelentes blogs de literatura y crítica literaria, pero hay un enorme vacío cuando se quiere leer sobre los problemas de quienes quieren viven de escribir. Ese es el territorio del que más me ocupo, el que conozco bien.
Escribir es un trabajo
Que escribir es un trabajo parece obvio, pero no todos lo ven así. Arrastramos durante siglos una idea nociva: la del escritor como aficionado inspirado, sostenido por mecenas o rentas familiares. Así fue durante siglos, pero solo para unos pocos, sin embargo, el mito persiste.
La consecuencia es un tabú: hablar de dinero parece vulgar, opuesto a la creación, como si cobrar por escribir contaminara la obra. Es una trampa. Victor Hugo —escritor indiscutible— fue quien comenzó a plantear la necesidad de profesionalizar la escritura: defender el derecho del autor a vivir de su trabajo no es traicionar la literatura, es defenderla.
Escribir exige el mismo compromiso, rigor y dedicación que cualquier otra profesión. Pero escribir bien exige algunas cosas más: una escritora o escritor necesita mucho tiempo para leer, para investigar, para alimentarse de otras expresiones artísticas como el cine, la plástica y también de la vida cotidiana. No es solo un espectador más, es alguien que tiene que absorber de su entorno, comprender una época, y procesarlo todo de una manera especial. Es un trabajo que requiere mucho tiempo, muchos años, y será determinante para la calidad de su obra. Esto también es “tiempo de trabajo”, aunque nadie le pague por hacerlo. Por eso es tan importante hablar de dinero, porque es lo que se necesita para poder dedicarse a todo lo anterior.
La industria editorial, que tiene una responsabilidad especial con los autores, son quienes aportan su materia primea, pero funciona con modelos obsoletos que no le permiten jugar a fondo este importante rol. Las editoriales necesitan cambiar, modernizarse, porque no solo están perjudicando al autor, también a las mismas editoriales e incluso a los lectores.
Un sistema que no funciona para nadie
¿Cómo perjudica este modelo al escritor? Simple: debe invertir años de trabajo sin remuneración. Esto lo condena a depender siempre de otro: otro trabajo u otro que lo mantenga. Solo quienes pueden permitirse no cobrar o tienen la fuerza necesaria para escribir después de otro trabajo del que vive, puede dedicarse a la escritura.
Es difícil hacer cambios, porque las editoriales tampoco ganan lo suficiente como para ejercer todas las responsabilidades que debería asumir. El problema es que mantienen un modelo económico que cada vez deteriora más su rentabilidad, y necesitan recuperarla con urgencia, porque si los números no son buenos, los accionistas trasladan su capital hacia sectores más lucrativos, algo que ya está sucediendo en los grandes grupos.
Curiosamente, cuando la edición tenía un objetivo educativo o cultural además del económico, ganaba dinero. Desde que se industrializó y su objetivo principal es ganar, gana menos. Una paradoja que da mucho para pensar.
Es muy extraño que, cuando aparecen tecnologías disruptivas y potentes como la inteligencia artificial, las editoriales la usan para automatizar procesos y recortar gastos, no para reinventar su modelo de negocio.
Y el lector ¿qué culpa tiene?
Ninguna, pero paga las consecuencias y los errores que no comete. El sistema de superproducción de novedades genera montañas de devoluciones de libros no vendidos, porque la velocidad y cantidad de novedades no le da posibilidades a aquellos libros que requieren de un poco de tiempo para despegar. El tiempo y la velocidad de lectura no ha cambiado con la digitalización. Se penaliza al lector en el precio: por cada libro que compra también tiene que pagar por otro ejemplar que no se venderá. Es la ineficiencia de un modelo que no da para más.
El escritor de hoy tiene nuevos roles, pero la misma paga
El trabajo del escritor ha mutado. Ya no basta con escribir bien, ahora debe ser su propio community manager, negociador de contratos, estratega de marketing digital y relaciones públicas. Debe promocionar activamente su libro en redes sociales, conseguir reseñas, organizar presentaciones, cultivar una «marca personal». Todo esto para vender, cuando vender se supone que es el trabajo de la editorial. Todas estas tareas se han trasladado al autor, sin que cambien las condiciones de su retribución.
Por eso los escritores necesitan conocer la economía de la edición. No para convertirse en empresarios, sino para sobrevivir en un ecosistema que ha cambiado las reglas sin aviso previo, y volverá a cambiar.
Este blog aborda esas cuestiones «para-literarias». Nunca hablo de cómo escribir mejor una novela, sino de cómo navegar en este mundo una vez que la novela ya está escrita.
¿Es esto algo ajeno a la literatura? Para nada. Ricardo Piglia, Enrique Vila-Matas, Bertolt Brecht, Hemingway, Pierre Bourdieu y muchos otros han reflexionado sobre estos temas, que consideran parte del oficio.
Dos extremos igualmente peligrosos
En el mundo hispanohablante, hablar de dinero sigue siendo incómodo. Aunque la actitud está cambiando, lo hace lentamente. En contraste, los escritores estadounidenses no pierden oportunidad de hablar de cifras: cuánto cobraron de adelanto, cuánto por los derechos audiovisuales. Ambos extremos son problemáticos. El silencio puede hacer creer a los lectores que el dinero no importa, que se escribe por amor al arte. El otro extremo, poner el dinero como legitimador del éxito, puede hacer creer que solo se escribe para ganarlo.
El borde entre creación y negocio
En este blog llevo años ocupándome de estos temas. Ninguno de mis suscriptores ha llegado aquí esperando encontrar un taller literario. El encabezado es claro: «Un espacio para escritores sobre el libro y la edición».
Que no me dedique a la literatura no significa que no la respete. Al contrario: justamente porque la respeto y disfruto, quiero que quienes la hacen puedan vivir de ella. No confundo literatura y mercado. Pero sé que ambos tienes que estar bien articulados, lo queramos o no.
Mi aporte está en esa frontera, en esa tensa zona entre la creación y el negocio. Los escritores necesitan herramientas para transitar ese espacio, sin perder el equilibrio. Necesitan entender los contratos que firman, los derechos que ceden, las plataformas que usan. Necesitan información para tomar decisiones, para poder vivir del trabajo de escribir.
Justo cuando terminaba este texto, apareció otro comentario en el blog: «Gracias, Guillermo Schavelzon, por ocuparte siempre de estos temas tan relevantes para los escritores».
Este blog tiene un propósito específico: habla de lo que hace falta para que la literatura exista en condiciones dignas para sus creadores.
Wish you happiness
Me parece bien el artículo. Si algo no debieran hacer los escritores es cerrar posibilidades de debate. Y es evidente que el del dinero y la manera lícita de ganarlo con la profesión es un debate que cada tiene más vigencia. El problema que veo es que no todos pueden reconvertirse en lo que el mercado exige hoy: seguir siendo escritor y a eso sumarle ser vendedor de la propia obra e imagen. En lo personal, y pese a haber obtenido premios en España (importantes en dotación, pero no en «nombre» quizás) no he conseguido una editorial ni un agente que me acompañen. Y entonces, con los años, he ido puliendo los escritos y he ido publicándolos como podía, por mi cuenta, porque sigo apostando al papel. No sé si hago bien, pero es, con sinceridad, lo que puedo hacer. Me gustaría conseguir un agente y una editorial, pero me temo que si lo logro no pueda asumir la otra faceta que se exige ahora. Un escritor, para ser bueno en su oficio, debe centrarse en él. Las cuestiones extraliterarias que exige ahora el mercado vulneran esa capacidad de concentración y dedicación al trabajo. Y es probable que ese trabajo de orfebre acuse recibo.
Un blog de literatura que se está iniciando. Dos chicas argentinas, una escribe, la otra ilustra… esta bueno.
https://conejosyrosas.blogspot.com
Estimado Señor,
No estoy del todo de acuerdo con su análisis de mi breve comentario interrogativo. Necesitaría más espacio para desarrollar los argumentos, pero voy a intentar ser sintético.
El mundo de la edición, a todos los niveles, escritura (escritor), mediación (agente), edición (editor), consumo (lector) está marcado por una gran hipocresía (no es el único lugar, claro). No se hace lo que se dice hacer, no se dice lo que se hace. Vayamos por partes:
1) El adverbio ‘sólo’ no es excluyente. Claro que hay que hablar de dinero (o de plata), pero un agente no se ocupa ‘sólo’ de contratos, sino, por lo que dicen hacer (no sé si siempre lo hacen), de mejorar los textos que los autores les someten. Son, por decirlo de algún modo, ‘críticos internos o privados’ para utilizar una terminología wittgensteiniana. Y es ese trabajo de crítica interna y/o privada que sería interesante conocer directamente de boca de un agente (no se trata de dar nombres, sino de evocar ‘ese’ (supuesto) trabajo que es o tendría que ser (por lo que dicen) una de las facetas de la profesión. No se trata, me parecía evidente, de hacer crítica literaria o de reseñar libros o de otras mandangas por el estilo… Evocarlo como contra argumento es salirse por la tangente, me parece a mí.
2) Un ecosistema o un campo editorial, como diría Bourdieu, no son sólo los agentes, sino que las obras también forman parte de dicho campo, algo que a menudo Bourdieu olvida.
3) Ustede habla de «quienes quieren vivir de escribir». Usted sabe muy bien que querer no es poder… yo quiero ganar el euromillón, pero no sé si voy a poder. En España, en Argentina, en Chile, en México, en Colombia, en Uruguay, países que conozco un poco, los escritores que viven de escribir se cuentan, por así decir… con los dedos de un dedo… En Francia, en el Reino Unido, en Italia, en Alemania un poco más, pero casi igual. En los EU es algo distinto… En otras palabras, el agente, y eso está muy bien, pone pequeños remiendos a una vida profesional de escritor inexistente como tal económicamente hablando. El escritor común y corrientee, 99%, no ‘vive’ mejor gracias a él, porque de todos modos tiene que laburar sí o sí de otra cosa. El mito del que usted habla también reside aquí, en una visión meramente demagógica (por razones de campo o de ecosistema) de lo que significa ser escritor.
4) De lo que precede, surge otra pregunta a la que me gustaría que un agente contestara con sinceridad, si puede : ¿Se ocupan los agentes con idéntico interés de los autores que venden que de los que no venden? Esta pregunta es la equivalente a la que se podría hacer a los editores, teniendo en cuenta que muchos de los agentes existentes en lengua castellana han sido antes editores y que quizá, incluso a pesar suyo, hayan ‘arrastrado’ en su nueva profesión hábitos de la antigua.
5) En resumidas cuentas, usted mismo lo dice en su conclusión, y esoy de acuerdo con ello: «Mi aporte está en esa frontera, en esa tensa zona entre la creación y el negocio» También Charlot acabó andando por la frontera en una de sus películas, al constatar que de ambos lados de ella lo echaban con cajas destempladas. El negocio (relativo, claro), en su blog, se ve y es harto interesante lo que usted dice… la creación, no.
Atentamente
Dino Saluzzi
Magnífica respuesta. Yo agradezco que toques estos asuntos en el blog y saber que quien lo escribe ha pasado una vida entera lidiando con estos problemas. Tu experiencia nos enriquece. Yo te extraño!!!
Abrazos fuertes
Querida Gionda, cómo siempre: ¡juntos! Cariños
Creo que todavía existen escritores que piensan que hablar de dinero con respecto a la literatura es vergonzoso. Este blog es interesante porque trata de temas relacionados con el mundo de la edición, dentro del que, por supuesto, figura la ganancia que genera la industria editorial.
Estoy muy de acuerdo en que hoy en día con el uso de la inteligencia artificial podrían reinventar su modelo de negocio, repartiendo de manera más equitativa las ganancias.
Con todo, y habiendo yo publicado por editoriales y también de manera independiente, puedo atestiguar que he ganado más dinero publicando a través de Amazon que por Ediciones B o Roca Editorial. Mis libros duran más tiempo a la vista de los lectores, no dependo de la promoción editorial de un mes, para después ver a mi libro perderse bajo los montones de libros que se publican diariamente. Eso sí: me ocupo de promocionarlos yo misma mediante las redes sociales. Nunca he hecho una presentación, pues considero que es un gasto innecesario; la gente tiene muy mala memoria. Debemos estar presentes, ser constantes, y seguir escribiendo, obvio.
gracias por tu comentario, Blanca, lo que dices muestra hasta qué punto hay que repensar la edición. Un saludo cordial
El autor está hoy a la intemperie, como bien apuntabas en una entrada anterior. No basta con escribir una novela ni siquiera con encontrar editor: hay que venderla, empujarla, exponerse. Y lo más difícil —al menos para algunos— es aceptar que la obra ya no camina sola: exige presencia, redes, visibilidad.
No es una queja moral; es una constatación. El mercado no premia necesariamente el riesgo ni la profundidad, sino la velocidad, la reconocibilidad y la rotación: libros que se leen deprisa, se comentan un mes y desaparecen. No es conspiración; es dinámica comercial.
El problema no es el tiempo histórico, sino la desalineación entre lo que uno escribe y lo que hoy se empuja con más ruido. Algunos no escribimos para el escaparate, sino para el fondo. Y el fondo no grita: permanece.
Quizá la verdadera pregunta no sea cómo ganar dinero con la literatura, sino cómo sostenerla sin traicionarla y, al mismo tiempo, sostenerse uno mismo sin morir en el intento.
gracias por tu aporte, José. Un saludo cordial
Siempre gracias a ti, Guillermo. Un cordial saludo.
Una respuesta muy buena, con un razonamiento inteligente y lógico.
Estoy totalmente de acuerdo contigo y yo también opino que un espacio como este es necesario y beneficia a la literatura.
Por curiosidad, Guillermo, ¿qué opina usted de la plataforma online Wattpad? ¿de los escritores que han podido publicar y, precisamente, generar mucho dinero a raíz de ella? Me parecería interesante conocer su opinión sobre todo ese tema.
Saludos
Hola Inés, gracias por tu comentario. No tengo informacion especial que me permita opinar sobre Wttpad, pero creo que hay que estar atentos a todos los formatos de publicación y lectura. Vale la pena leer las newletters de academia451 y Mariana Eguaras. Un saludo cordial.
Gracias por la recomendación, Willie.
Quien lo desee puede hacerlo en https://marianaeguaras.com/boletin/
A mí me encanta leer tu blog, precisamente porque tratas temas de los que apenas se habla. Y el dinero en la literatura, en especial el de los autores, es uno de ellos.
No creo que nadie esté dispuesto a trabajar sin cobrar, por mucha vocación que tenga, ni a regalar lo que hace, solo para que le digan, «qué bien lo haces».
Un saludo
Haces una labor IMPORTANTÍSIMA, nadie habla de estas cosas y por eso los autores, sin saberlo (o sin querer saberlo), contribuyen a la precariedad alimentando la máquina.
De hecho, deberíamos organizar una revolución!!!
gracias Pablo ¡comencemos! Abrazo
Gracias, Guillermo. Tu análisis es muy necesario y revelador
muchas gracias, Xavi
Antiguamente, los escritores se encomendaban a un mecenas, a un protector, como los pintores, escultores y músicos. Hoy deben entrar en la simple pero obligada ley de la oferta y la demanda. El concepto de plusvalía está más que vigente. La realidad es así.
asi es, gracias por tu aporte, J-A !
me parece que la mayoria de las personas ya conocemos la verdad, que el dinero es lo mas importante
las editoriales hacen negocio ahora con los autores, los lectores pueden incluso bajarse las obras gratis por internet
demasiada oferta, demasiados autores, demasiados libros que salen a la venta dia tras dia, imposible digerirlo, no es culpa de nadie, esto cambiara
bien puesta la respuesta!
(con rima y todo)
y cómo cuesta!
gran tema el dinero
por otra parte
¡Buenas tardes, don Guillermo!
Sin dudas que hay que ocuparse del dinero. Como decía mi abuela: “¿con qué se compran los frijoles? Nadie le hace ascos al dinero, plata, parné…Sin frijoles, y sin dinero para comprarlos, no se puede escribir.
Abrazos desde Nuevo México.
gracias TeresA, siempre activa, siempre presente!