por Guillermo Schavelzon
(Publicado en Página 12, Buenos Aires, 28 diciembre 2023)
Argentina se ha convertido, en pocas semanas, en tierra de ensayo de medidas extremas -sin anestesia-, de la ultraderecha. Al cancelar la ley del libro (en contra de toda la experiencia internacional), será el primer país de lengua española donde el libro no tendrá precio fijo. ¿Aguantarán editoriales y librerías semejante shock?
A muchos les resulta extraño que la ley de precio fijo del libro, vigente en casi todos los paises del mundo, tenga por objetivo que los precios establecidos por el editor no se puedan bajar, cuando este tipo de ley suele hacerse para que los precios no se puedan subir.
Sucede que los economistas y legisladores, incluidos los de los países más conservadores (Alemania, Francia, Italia, Holanda) descubrieron que, permitiendo que cada librería fijara el precio, no fomentaban la competencia, sino que se fagocitaran entre ellas acabando con la actividad.
El pensamiento neoliberal (libertad total al comercio y exaltación de la competencia), entendió que el precio fijo evitaba la concentración de la venta, lo que llevaría a la destrucción de una red comercial que llevó décadas construir, llevando al cierre a las librerías más chicas, las de barrio, y las que no están en las grandes ciudades y son esenciales para la población local. Librerías que, por el tipo de negocio personalizado y casi familiar, dan al público el mejor servicio y atención, al mimo precio.
La ley del precio fijo surgió en los 70 en Francia para reordenar el mercado (no se trataba de ninguna propuesta revolucionaria, más bien al contrario), cuando abrió la primera gran cadena de librerías, la Fnac, con locales enormes e instalaciones atractivas, y la política de ofrecer todos los libros con el 20% de descuento.
El efecto destructivo fue muy rápido, comenzaron a cerrar la mayoría de las librerías porque no podían competir, con lo cual los franceses -orgullosos de su gran red de librerías en todo el país-, comenzaron a verlas desaparecer.
Las Fnac tuvieron éxito muy rápido, pero demasiados lectores y estudiantes no encontraban lo que buscaban. No había libreros a quienes consultar, ni se podía hacer encargos. Las editoriales, a su vez, se encontraron ante un único comprador, de tal magnitud que, si decidía no comprar un libro porque consideraban que no se venderían en la cantidad mínima que exigían, ya no se podía publicar. Algo similar sucedió en España, pero cuando llegó la Fnac ya la ley de precio fijo estaba avanzada.
La tradicional e imprescindible diversidad de la oferta comenzó a reducirse, y los libros de venta masiva desplazaron a cualquier otro título que antes, en las librerías que ya no existían, se vendían en una cantidad suficiente como para permitir su publicación.
Lo más curioso y contradictorio de la política “de libertad total”, fue que en un par de años el precio de los libros subió mucho más que la inflación. La “libertad” produjo un efecto contrario a lo que decían que sucedería, lo que nos obliga a pensar dos veces en el uso encubridor de esta palabra.
Viendo lo imparable de semejante estrago, Francia sancionó una ley de precio fijo llamada “ley Jack Lang” en honor al ministro de cultura que la redactó. La Asamblea Nacional (parlamento) la aprobó por unanimidad. Poco después fue adoptada por todos los países de la Unión Europea, con excepción del Reino Unido.
Lo que sucedió en Inglaterra fue mucho peor, en la misma época el gobierno de Margaret Tatcher decidió que, para crecer, había que eliminar todo control de precios y servicios, y en solo un año cerraron varios miles de librerías, fortaleciéndose dos grandes cadenas que solo trabajaban best sellers. La única competencia ya no fue por servicio y variedad, sino por precios: se hundieron las dos. El Reino Unido, cuarenta años después, sigue pagando las consecuencias de esas medidas. Hoy es un país empobrecido, con una sanidad pública destruida, maestros que hacen huelga todos los meses porque el salario no les alcanza, sin servicios sociales de ninguna índole, y desde el Brexit (la salida de la Unión Europea) no consigue ni siquiera choferes para manejar los camiones, mientras encierra a los inmigrantes -aunque tengan permiso para conducir- en un cárcel flotante. El que fue un gran país, va camino al colapso total.
Si se aprobara el proyecto presentado por el ejecutivo argentino al Congreso, que elimina la ley del libro creyendo que así será mejor, no se puede ignorar la experiencia internacional, y saber que solo veremos desolación en un país desmadrado, pero que -increíblemente-, nunca perdió los lectores.
Lo que este proyecto hace, en realidad es promover lo que sucede en los países donde Amazon está implantada: tanto en Estados Unidos como en España concentra cerca del 50% de la venta de libros, convirtiéndose en un comprador tan necesario como depredador, que impone precios y condiciones a las editoriales, y mañana decidirá qué puede publicar o no cada editorial, lo que quiere decir qué se podrá leer.
Hay que conocer la increíble eficiencia de Amazon, desde la facilidad para comprar con un solo click, la entrega a domicilio al día siguiente, y la posibilidad de devolver -recogiendo a domicilio- sin necesidad de ninguna explicación, para entender la adicción que provoca, que tanto preocupa a los gobiernos de la Unión Europea, porque ha hecho cerrar gran parte del comercio de barrio, lo que genera una modificación urbana y social que los gobiernos necesitan solucionar. Pocos describieron con tanta precisión esta capacidad devastadora como lo hace Jorge Carrión, en su libro Contra Amazon.
Este proceso de depredación es solo un ejemplo de lo que la eliminación del precio fijo del libro puede producir en el mundo de la edición.
No es verdad, sino una mentira ruinosa “que ahora las cosas tienen que ser así”.
Interesantísimo. Ni hablemos de que Amazon muchas veces ofrece envío gratuito de libros, lo que es un descuento encubierto. En España el descuento máximo permitido a librerías es del 5%. Una desigualdad desorbitante.
Estimado Guillermo, gracias por tu excelente análisis. Escribo desde Puerto Rico, donde el campo cultural tiene cimientos latinos, aunque después de 100 años de coloniaje norteamericano, se han ido imponiendo las mismas desregulaciones neoliberales que existen en Estados Unidos. La llegada a Puerto Rico de la cadena de librerías Borders al comienzo de este nuevo siglo alteró radicalmente todo el entramado comercial y cultural alrededor de las librerías. Las primeras que sintieron su impacto fueron las empresas editoriales locales, mientras se redefinían las funciones de las empresas dedicadas a la distribución de libros extranjeros, hasta que finalmente se rompió el equilibrio desarrollado por años entre un número creciente de librerías independientes, entre otros aspectos de lo que se conoce como la industria del libro. De la misma manera en que su llegada alteró los patrones de consumo y de venta de libros, marcando decisivamente el comportamiento de ese sector, su repentina salida, después de una década de operaciones comerciales, dejó a ese campo devastado. La cadena de librerías Borders quebró en Estados Unidos en 2011. Y aunque no ha sido el único factor (pues tanto Amazon como el fortelecimiento del ofredimiento del libro electrónico, el aumento vertiginoso de la piratería por medios digitales, entre otros factores) el sector de las librerías no ha podido recuperarse. El caso de Puerto Rico podría ser un buen ejemplo de los efectos destructores de la desregulación de los precios del libro.
Alfredo Torres Otero
San Juan, Puerto Rico
Estimado Alfredo, ¿me pasarias tu mail, por favor? Gracias
Excelente análisis y mucho que reflexionar y a seguir apoyando el precio único para beneficio de la promoción de la lectura y mejorar el conocimiento con buena educación visite http://www.clublectores.com
Hay algo que no entiendo igual. Acaso Amazon no hace eso hace 20 anos? Y ? Siguen existiendo librerias independientes en USA. Escucho sus respuestas.
Amazon vende, en todo el mundo, al precio fijado por el editor. Tiene el 50% de la venta de libros en Estados Unidos, donde en diez años la venta de libro cayó un 40%, y cerraron el 60% de las 8.000 librerías independiente que había hace quince años.
Efectivamente, existen librerías independientes en Estados Unidos, pero suponen hoy el 7% de la venta de libros físicos, y apenas participan en la venta de e-books. Lo mismo ocurre en Inglaterra. En cambio, en Alemania, Francia, Italia o España, registran entre un 35-40% de las ventas.
Para mí, esa ley es un desastre total y sería re triste perder esas librerías chiquitas, viste? Esas donde entrás, elegís tranqui, charlás con los dueños y compartís opiniones sobre libros nuevos. Son lugares con magia, y ojalá no desaparezcan con todo este quilombo legal.
No dejemos de sospechar que este proyecto de ley no solo sirva como una publicidad malintencionada de la oposición política de quien la promueve, sino quizás, la posibilidad de liberarnos del abuso por parte de algunas editoriales que pagan al autor entre el 8 % y el 10 % del precio de tapa de cada libro vendido, cuando el autor no solo ignora cuántos ejemplares se imprimieron o reimprimieron, sino también cuántos se vendieron. Seamos cautos con respecto a este tema, porque algunos mezquinos editores tratarán de no perder sus privilegios comerciales sembrando incertidumbres y otros mercantilistas de la literatura, con esta ley aprobada, podrían generar un monopolio en detrimento de las librerías de barrio.
La muerte de la cultura independiente . Con esto es la muerte de voces alternativas a los discursos imperantes . Desaparece el pequeño librero de barrio. Muy triste , esperemos que los legisladores no aprueben esta ley
Esperemos que el Congreso de Argentina tumbe ese proyecto abyecto de ley. Milei ahí no tiene mayoría. Sería terrible perder lectores en el país que más lectores en español o castellano. Pero si sucediera… espero que esta locura no dure mucho tiempo y la situación argentina se “estabilice” de alguna manera.
Pere Sureda
Perdón si he mandado dos veces el comentario. Salió en otro lugar así que tal vez lo coloqué donde no debía.
¡Qué interesante! No sabía que existiera una ley que regulase los precios de los libros. Me pregunto si esa ley o una parecida rige en Estados Unidos, pues en Amazon, me parece, cada vendedor individual puede fijar los precios de los libros que vende. No sé cómo será con las editoriales. Buscaré el libro de Jorge Carrión. Y sí, las FNAC siempre me han parecido Walmarts de la cultura. No hay como las librerías independientes con sus olores a tinta y papel –por cierto que donde yo vivo no queda una de esas librerías ni para muestra, ay. Feliz 2024.
Abundan las imprecisiones en esta columna. Si el autor, en vez de tratar de pegar de primero sobre el tema, hubiese leído más sobre la historia del precio fijo en el mundo (y en América Latina), mantendría su reputación de analista serio del mundo del libro. Además, valdría la pena un análisis menos apasionado de la vigencia del precio fijo ante tantas nuevas realidades y evidencias
Lo invito a desglosar las «imprecisiones» de la columna. Y a poner su nombre y apellido. La supuesta ironía de «analista serio» le cabría también a usted (tal vez «forista serio» o similar). ¿Qué serían las «nuevas realidades y evidencias»? Lo invito también, entonces, a clarificar sus «conceptos» (permítame devolver la gentileza).
Un saludo,
Flavio Schiaffino