“¿Qué pasaría si las tareas que hasta hoy han recaído únicamente sobre los hombros de la inteligencia humana pudiesen ser delegadas a las máquinas?” (Michael Bashkar, en un informe del Cerlalc)
El incesante avance de la digitalización nos descubre -o nos impone- nuevas formas de publicar y nuevas formas de leer. Pero la Inteligencia Artificial intenta dar un paso más: suplantar la función del autor. Los escritores tendrán que estar muy atentos a lo que está sucediendo, ignorar los cambios tecnológicos es un gran error, como también lo es creer en su poder absoluto.
Quienes consolidan los cambios no son quienes los proponen, sino quienes los aceptan. Como en este caso se trata de lectores, un “consumidor” al que le suponemos cierto nivel de exigencia, habrá que ver cómo reacciona.
De todos los cambios posibles, el trabajo del autor es el más difícil de reemplazar, lo que no implica que los escritores puedan distraerse, para que los posibles beneficios económicos que estos cambios producirán se distribuyan de forma equitativa, lo que no ha sucedido con la venta directa, ni con las ediciones digitales.
Estos nuevos soportes y herramientas, que nos afectan cada vez más, también tendrían que servir para que se lea más, requisito esencial para que las editoriales y los autores puedan ganar más. Además, por supuesto, de los beneficios educativos y culturales que leer más trae a la sociedad. Hay también otro efecto inmediato que se produce cuando se lee y se vende más: bajan los precios de los libros, lo que no es una cosa menor.
Los escritores de hoy, que no hace tanto tiempo modificaron sus herramientas de trabajo, dejando la máquina de escribir, reemplazando a los diccionarios y las enciclopedias por buscadores ¿deberán acudir ahora a la Inteligencia Artificial, al apoyo de las nuevas redes neuronales que quieren imitar estructuralmente el cerebro humano, y -dicen algunos expertos- lo terminarán por reemplazar? Los contenidos de la Wikipedia ¿tendrán el nivel de la Enciclopedia Británica? El traductor de Google ¿será mejor que el Petit Robert?
La traducción
Los traductores, escritores también, tienen un trabajo singular. No se trata de trasladar palabras de un idioma a otro, sino de reinterpretar el texto en el idioma y la cultura de llegada, a veces teniendo que romper las normas de la lengua para expresar mejor el sentido y el tono que les dio el autor en el idioma original. Todos los softwares traducen cada vez con más precisión lo que un texto dice, pero no pueden traducir lo que ese texto trasmite sin estar escrito, eso que produce las emociones del lector, algo esencial de la literatura.
“El traductor de García Márquez se preguntaba cómo expresar el realismo mágico de América Latina en alemán, y hacerlo comprensible para otra mentalidad y otra experiencia cultural” (Ariana Harwicz, en Desertar).
Los gigantes digitales trabajan para lograr imitar de forma automatizada lo que más de humano hay en la escritura y en la traducción. ¿Llegará un software capaz de detectar, generar y traducir sentimientos? ¿De leer lo que no está escrito?
Las películas con subtítulos traducidos automáticamente, o los subtítulos traducidos por una máquina en las conferencias, son una penosa experiencia de la imposibilidad de mecanizar.
Los narradores de Audiolibros
Quienes narran audiolibros están siendo reemplazados por voces robóticas, que incluye algunas voces muy conocidas que han “licenciado” su uso a las productoras. Un libro cuya grabación antes llevaba varias jornadas, ahora se hace en unos minutos, sin necesidad de estudios de grabación, ni del personal que lo maneja, ni del costo del locutor. Si a los lectores que optan por escuchar en lugar de leer, les da igual ¿será el fin de los narradores humanos? ¿A esto se lo puede considerar atractivo?
Tiempos Modernos
A lo que estamos asistiendo es al avance implacable del proceso de industrialización del libro, que comenzó cuando la edición dejó de ser una actividad cultural, y comenzaron cambios que hace veinte años eran inimaginables. Esas transformaciones requirieron de una nueva forma de gestión del negocio editorial, coherente con la tendencia de las nuevas escuelas de negocio, que descartan por “poco serio” todo lo que no se pueda sistematizar.
Las grandes empresas editoriales, ya no dirigidas por editores, necesitadas de un nuevo saber, descartaron por poco serio y acientífico el uso del tradicional olfato del editor, y se convirtieron en estrictos seguidores de los estudios de mercado, y luego en compradores de algoritmos que dicen conocer con todo detalle los hábitos y gustos de los lectores, y en función de estos datos publicar lo que se supone que los lectores quieren leer.
La nueva gestión
Digo se supone, porque la realidad es compleja: cuando las decisiones de contratación de las editoriales se hacían siguiendo el olfato del editor, solo uno de cada diez títulos publicados tenía éxito. Desde que las decisiones se toman en base a los grandes conjuntos de datos que venden los gigantes tecnológicos, el ratio no cambió: solo tiene éxito un título de cada diez. En casi todo el mundo, el 90% de los libros publicados no llega a una segunda edición. Por eso la baja rentabilidad de la industria editorial.
Las pequeñas editoriales no funcionan así, no tienen -ni quieren tener- acceso a la información algorítmica, y siguen decidiendo qué publicar según el olfato del editor. Pero las prácticas que imponen las empresas dominantes se van filtrando a toda la cadena del libro, presionan y determinan las redes comerciales, las posibilidades de exportación, la venta online, la difusión, el espacio real o virtual de exhibición, y es muy difícil escapar a las reglas del juego que generan. Las editoriales chicas y medianas tienen que acudir a su ingenio y generar otras complicidades para encontrar intersticios, buscar cada vez más el apoyo de las librerías independientes (lo tienen), usar las redes sociales de forma confiable (lo hacen), organizar ferias de venta al público en las que no participan los grandes grupos (las hay).
Las grandes editoriales esperan mucho de la Inteligencia Artificial, porque necesitan con urgencia mejorar la baja rentabilidad de la edición, de otro modo corren el riesgo de que los accionistas busquen mejores inversiones, como acaba de hacer la Paramount, que vendió Simon&Schuster, abandonando el negocio editorial para centrarse en el audiovisual.
El costo del autor
Remplazar al autor es un proyecto atractivo solo para las editoriales cuyo principal objetivo es ganar dinero con los libros, sin valorar una conveniente una trayectoria, sin contar con una capacidad y un equipo editorial, o sin tener alguna vinculación con la cultura o la educación. Sus directivos conocen a Milton Friedman, e ignoran a Roberto Calasso.
Para quienes deben dirigir una editorial cuyos accionistas le exigen ante todo una alta rentabilidad, ahorrarse el costo del autor implicaría ganar un 20% más, lo que cambiaría radicalmente sus resultados. Es como vender al público en forma directa, que permite a las editoriales ahorrarse el costo de distribución, que supera el 50% del precio de cada libro. Por eso fomentan la venta directa, aunque declaren cuánto les importan las librerías.
Estos cambios también tendrán que afectar a la relación económica entre autores y editoriales, que no se modifica pese a todos los cambios habidos en la edición.
He seguido con interés la larga huelga de guionistas de Estados Unidos, que el 25 de septiembre -informan todos los medios- se resolvió. Los guionistas, integrados al Authors Guild of America, un sindicato que reúne a 11.000 escritores, no solo exigían mejoras salariales, también un cambio importante en el pago variable por lo que llaman residuals, que son los derechos secundarios, los ingresos por otros aprovechamientos del mismo contenido. También exigían compromisos de la industria en el uso acotado de la Inteligencia Artificial, que fueron aceptados.
El saqueo de los derechos de autor.
Los modelos de lenguaje que ya se están comercializando se han construido a partir del análisis de millones de libros publicados, en especial los que más éxito tuvieron.
Las nuevas redes neuronales desarrolladas por la IA que son capaces de escribir, se alimentan de manera voraz con todo lo que ya se publicó. Pero la literatura, la buena literatura, es justamente lo contrario, es la capacidad de escribir lo que todavía no se ha escrito, o de una manera en que todavía no se ha hecho, y de trasmitir al lector algo que no suele estar puesto en palabras. Eso es lo que se llama creación.
Una reacción colectiva
El Authors Guild of America también acaba de presentar (septiembre 2023) una demanda colectiva contra Open AI ylas empresas de tecnología que están detrás de la Inteligencia Artificial generativa, bajo la acusación de explotar las obras protegidas por los derechos de autor para entrenar sus programas de chatbots, sin consentimiento, crédito ni compensación a los autores.
Poniendo en evidencia cómo se nutren de los libros publicados sin respetar los derechos de autor, Microsoft ha ofrecido asumir los riesgos legales, informando: “A algunos clientes les preocupa el riesgo de sufrir reclamaciones por infracción de propiedad intelectual si utilizan los resultados producidos por la IA generativa. Microsoft anuncia nuestro nuevo compromiso de derechos de autor de Copilot… si se les cuestiona por motivos de derechos de autor, asumiremos la responsabilidad por los posibles riesgos legales involucrados. Fuerte ¿Verdad?” (informa proyecto451).
Como conclusión, el futuro no lo decide la tecnología, sino sus usuarios. Los escritores, traductores y guionistas tendrán que organizarse para tener fuerza para negociar. Los consumidores (en este caso los lectores), tendrán que decidir si quieren el audio libro de menor precio, o el narrado por un ser humano.
Llevo demasiado tiempo con este texto, porque cada día tengo que reescribirlo. El problema es -dice Carlos Scolari en la revista Texturas Nº 51– que “Todo lo que escribimos o decimos sobre la IA ya es viejo”. Por lo que acudí al Chat GPT (https://chat.openai.com) para ver si me ayudaba. He aquí la respuesta:
“La Inteligencia Artificial puede ser una herramienta complementaria para los escritores, pero no reemplazarlos por completo… Aunque la IA puede generar contenido original, todavía hay aspectos de la escritura y la creación literaria que son difíciles de replicar. La habilidad para transmitir emociones profundas, capturar la complejidad de la condición humana y ofrecer una perspectiva única son características que a menudo se asocian con los escritores y artistas”.
La Inteligencia Artificial resultó más sensata que los que escriben sobre ella. Pero atención, es una sensatez imaginaria, cuya habilidad es parecer fruto de una reflexión, cuando no hay tal, son frases armadas por una instancia engañadora, que es una capacidad de la robótica.
¡Excelentes reflexiones, como siempre! Creo que la traducción automática ha avanzado mucho desde los tiempos de Google Translate. OpenAI es diez veces mejor. No creo, sin embargo, que pueda reemplazar totalmente al traductor, aunque en ocasiones la función del mismo se limite a darle una repasada al texto, “planchándolo” para quitarle las arruguitas malsonantes. Al menos con los textos simples como comunicados de prensa, anuncios, etc. En cuanto a la traducción literaria…bueno, pasen el primer párrafo de “El jardín de senderos que se bifurcan” por ahí para que vean lo que les sale en inglés…o, probablemente, en cualquier otro idioma.
Amelia, ¡me encanta tu comparación con la flor de plástico!
Mis colegas en la universidad despotrican (no sin razón) contra los ensayos que escribe el OpenAI. Pero para cazar a los estudiantes vagos que lo usan hay herramientas como Turnitin. Y ya los editores se están preparando para que no les pasen gato por liebre. A no ser, claro está, que ellos mismos sean los que pidan: «¡gato, gato!»
Pero de veras, lo de sustituir a los autores, por el momento al menos, no me parece un gran peligro. Aunque ¿por qué ver a la IA como competidor y no como ayudante? A mí no me avergüenza admitir que he jugado con OpenAI, pidiéndole ideas para una escena, descripciones para otra, etc. A veces ha salido con algo aprovechable; otras no. Igual lo que da es materia prima que hay que elaborar con cuidado después.
De cualquier forma, los que amamos la escritura seguiremos echándole ganas al brete.
PS. Pasé esta última frase, en la que junto coloquialismos mexicanos como echarle ganas con una palabreja muy cubana, brete, y la respuesta fue
Seguiremos echándole ganas al brete» can be translated to English as «We will continue putting effort into the job» or «We will keep working hard.»
Sabichoso el maldito, ¿verdad?
A mi parecer hay un tanto de exageración, por cuanto la nombrada inteligencia artificial (AI) puede ser utilizada como un instrumento de trabajo, tal ocurrió con los inicios de las computadoras. En todo caso la AI no crea, nomás imita.
Acá en mi país(ito) con una escacez ABOMINABLE de lectores, pues ai’ la vamos resolviendo.
Atentamente,
Luisfelipe Minhero.
Autor Independiente Salvadoreño.
✊🏽✌🏽🛠⚒✌🏿✊🏿
Página de Autor Central: amazon.com/author/luisfelipeminhero
Blog: luisfelipeminhero.blogspot.com
Fantástica reflexión. ¡Gracias! Hace poco escribí esta, menos documentada, pero muy “sentida”. Un saludo.
https://franciscopadillachacon.wordpress.com/2023/09/01/por-gunfias-y-noemas/
Estimado Guillermo, gracias por la columna. El modelo social-económico en que está inserta la industria editorial no hace si no llevar a incrementar los excedentes o ganancias netas. El desarrollo e impacto de la IA lo veo como una consecuencia que no se puede esquivar. Ante ello, los editores que aún tratamos de publicar contenido de cierta calidad no nos queda sino seguir apuntando a los nichos pequeños compuestos por aquellos lectores que aún son renuentes a convertirse en meros consumidores culturales (véase «De lector a consumidor» en http://www.surdelimaeditores.com). Sin duda, un gran reto.
Hola. Fui traductora veinte años. Supe que tenía que buscar otro trabajo cuando empezaron a usar mis traducciones para alimentar herramientas de traducción automáticas cuyas traducciones yo tenía que editar y que a su vez usaban para retroalimentar las herramientas de traducción automática.
Durante dos décadas estuvieron probando esas herramientas y ahora mis compañeros se encuentran con que nuestro propio trabajo ha servido para dejar a la mayoría sin clientes y que los que conservan se unen para bajar las tarifas a límites que hacen inviable poder vivir de la traducción. Y nadie nos pagó por nuestras traducciones ni nadie va a hacerse cargo de los miles de traductores de todo el mundo que ya no pueden vivir de lo que estudiaron. TAmbién han empezado a prescindir de los project managers, puesto que su trabajo es incluso más fácilmente automatizable.
El ansia de las empresas por ganar dinero es tan inmensa que van a tener que terminar vendiéndose entre ellas sus productos, porque entre los robots, la IA y su codicia, pocos tendremos trabajo en un futuro próximo.
Ahora me encuentro con que también es posible que la IA sustituya a los autores, a los pintores, a los fotógrafos a los cineastas… Pero ¿qué interés tiene una pintura o una novela creados por una máquina? Para mí, el mismo que una flor de plástico.
Un saludo, estimado Guillermo.
Muy buena columna. Hoy leí también una entrevista a un escritor – editor argentino que decía que las personas ya no tienen disponibilidad de 2 horas para dedicarle a la lectura y que por ello es necesario buscar nuevos formatos para narrar, porque lo que persisten son las historias.
Lo asocie a tus reflexiones acerca del mercado editorial , los autores y la IA que no narra copia e imita narrativas.
Lo cierto que que tampoco las editoriales independientes logramos levantar cabeza y los libros se venden muy poco y hemos notado, con mi socia, que se eligen más como objeto fetiche que para ser leídos.
Saludos
Estimada o estimado, tu comentario es muy bueno, pero sería muy interesante que lo firmaras con tu nombre, mucha gente pregunta porqué hay comentarios anónimos, y creo que tienen razon. No hay nada que ocultar, al contrario. Gracias por la atención
Hola Willy, tus reflexiones son muy interesantes porque también atañen a todas las expresiones artísticas. Abrazo
sería muy bueno que tus comentarios no fueron anónimos. Son interesantes ¿puede ser? Gracias