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“La crisis del papel” no es más que un gran negocio de una industria de alta contaminación, que bate récords históricos de ganancias.

En un coctel que la FIL Guadalajara ofreció en Barcelona, me encontré con el gerente de una importante agencia literaria que, hablando de todo un poco, me dijo algo muy fuerte: “quién lo hubiera dicho, que el gran riesgo de la edición de papel no vendría por el avance del libro electrónico, sino por los costos y la escases del papel”.

La situación, para las editoriales, es delicada. El presidente de la Cámara Argentina del Libro declaró a ElDiario.com.ar que el aumento interanual del papel obra, ahuesado y ecológico (el más utilizado para los libros) había sido del 150%, y que el papel ilustración, utilizado para la impresión de cubiertas y la edición de libros infantiles, había superado el 300%.

El papel, que históricamente representaba el 35% del costo de un libro, ahora es el 54%.

El futuro del libro de papel

Esta situación implica un aumento del precio de los libros que afectará a las posibilidades de compra de los lectores, estudiantes de todos los niveles incluidos.

El aumento del precio de la cartulina de tapa es una dificultad extra para publicar libros de pocas páginas, algo habitual en las pequeñas editoriales independientes, ya que, en un libro de 150 páginas, por ejemplo, el papel de la tapa costará más que todo el papel interior, haciendo que los libros de menos páginas sean desproporcionadamente caros, lo que desconcierta al lector. Esto tendrá un efecto cultural, ya que son estas editoriales las que hacen los aportes más interesantes, las que permiten que conozcamos a nuevos escritores, y las que más contribuyen a la biblio diversidad.

El libro electrónico

Otro efecto perjudicial será el aumento de la diferencia entre el precio de un libro en papel y el electrónico. Hasta ahora, el e-book aporta a la editorial un margen de ganancia muy superior al libro de papel, porque los costos editoriales (adquisición de derechos, traducción, revisión, diseño, etc.), los pagaba la edición de papel. El e-book no necesita papel, ni impresión, ni encuadernación, ni embalaje, ni entrega física, ni librerías, ni devoluciones, solo tiene un costo, el de la conversión al formato digital, que hoy en India tiene un coste poco significativo. Si el e-book tuviera que asumir todos los costos editoriales, ya no sería tan buen negocio, porque dejaría de ser tratado como un “subproducto” del libro de papel.

Hoy un libro de papel de 20 euros, cuesta 9 en electrónico, pero si el de papel pasara a costar 30, como el electrónico no tiene por qué aumentar, la diferencia entre uno y otro formato será mucho mayor. ¿Qué harán los lectores?¿Pagarán tres veces más para comprar el libro en papel? Y si lo hacen ¿podrán seguir comprando la misma cantidad de libros al año? Las consecuencias del aumento y escasez de papel, también es una amenaza para las librerías, que no participan del negocio del libro electrónico, y para los autores por supuesto.

Por eso la crisis del papel no es tal, sino todo lo contrario: “El mercado papelero lleva más de una década herido de muerte por la digitalización, sin embargo, sus productores acaban de marcar récords de beneficios. El ‘boom’ del cartón… ha reventado el sistema” (El Confidencial, 8 de febrero de 2023).

El aumento del precio del papel para libros es un efecto secundario más, consecuencia de los grandes sucesos que estamos viviendo, como la pandemia o la guerra en Ucrania, que resultan una oportunidad de negocio excepcional para algunos sectores.

El confinamiento aceleró, de una manera antes impensable, el comercio electrónico y la venta directa de todo tipo de producto, lo que, en la campaña mundial de eliminación de los plásticos, generó en poco tiempo una imprevista demanda de cartón para embalaje.

Si la complicación producida por el reparto a domicilio está obligando a grandes cambios urbanos en las ciudades, cómo no va a afectar a la industria editorial, cuya importancia cultural es fundamental, pero su aporte al producto bruto de cada país -baremo con el que no se la debería medir-, es mínimo.

Las consecuencias ni siquiera imaginadas

Así son las paradojas: la lucha para reemplazar el plástico, algo tan imprescindible para salvar el planeta, generó una demanda de cartón que antes no existía, y que crece cada vez más. Se requiere un trabajo de información y educación para el reciclaje del cartón. En España se recicla el 70% de lo que se produce, una cifra que no está nada mal, pero debe ser mejor. La fabricación de cartón y papel sigue siendo una de las actividades industrialesmás contaminantes que hay, por lo que los países ricos ya no la quieren en su territorio. Cada mil kilos de papel o cartón, además de la pasta de celulosa, requiere de 50.000 litros de agua y 140 litros de petróleo.

El aumento del consumo de celulosa requiere de más madera, lo que no gusta a Canadá y a los gobiernos del Norte de Europa, que han puesto tantas restricciones a la explotación de sus bosques, que la producción de celulosa se concentró en Brasil, donde el anterior gobierno eliminó todas las restricciones a la explotación de la Amazonia, convirtiéndose en el primer productor de madera y pasta de celulosa del mundo. “Aproximadamente el 40% de la madera talada en el mundo, se destinado a la fabricación de papel” (Sphere Group, Spain).

Seguir contaminando, pero desde otro lugar

«El uso de papel es responsable del 49,4% de las emisiones de cada libro. Para minimizar esta huella, la propuesta es utilizar papel reciclado y/o con la certificación de gestión forestal sostenible FSC o PEFC. (Manuel Gil, ¿Cuánto contamina la industria editorial española?, en Antinomiaslibro.com, 10 de abril de 2023.

Para aumentar la producción, la industria papelera se tuvo que deslocalizar. Botnia, una de las fábricas más grandes del mundo, se redujo en Finlandia y se instaló en Uruguay. Las papeleras necesitan ríos caudalosos por la gran cantidad de agua que consumen, y para tener donde verterla una vez utilizada, aunque, según dicen, antes la descontaminan.

La radio alemana Deustche Welle no coincide: “No hay forma de controlar las emisiones contaminantes de estos monstruos en este río casi limpio de contaminación” [se refiere al rio Uruguay].  (Deutsche Welle, 28.1.2006).

“La industria papelera está dentro de las que más contaminan y las que más recursos consumen. Todos los procesos generan contaminación del suelo, del agua y del aire. En los procesos de producción se contaminan mares, ríos y lagos porque en gran medida se utiliza peróxido de hidrógeno, cloro y otras sustancias químicas que se liberan y suelen contener fenoles, furanos y dioxinas. Todas estas sustancias afectan de forma negativa a la calidad del agua, poniendo en riesgo a animales, plantas y personas” (Sphere Group, Spain).

El río Uruguay desemboca en el Río de la Plata, con lo que la contaminación afecta a las costas de Uruguay y de Argentina, que a este paso harán que las playas del Atlántico argentino y las del Este uruguayo no serán más aptas para bañistas. Por cada mil kilos de papel o cartón que se produce, se consumen 50.000 litros de agua y 140 litros de petróleo (smv.es, empresa de gestión de residuos).

UPM (Kymmene Corporation), la papelera finlandesa antes llamada Botnia, (8.500 millones de euros de facturación anual) se instaló sobre el río Uruguay, cuya cuenca comparten Argentina y Uruguay. Tiene un caudal que se acerca al del Volga, el río de Europa que más volumen de agua moviliza. Nace en Brasil, y para transportar el enorme volumen de producción fue dragado por la multinacional belga Jan De Nul, “lo que permitirá el transporte de barcos de 23 pies de calado, de preferencia portacontenedores” (BNaméricas, 17 de noviembre 2016).

La fábrica se instaló muy cerca de un puerto de aguas profundas (Nueva Palmira, en Uruguay), para centralizar desde allí la exportación.

Tala sin control, río caudaloso con agua gratis, mano de obra barata, transporte fácil y barato, pocas controles a la contaminación, y puerto de exportación al lado: la “cuadratura del círculo” perfecta.

En 2006, cuando el gobierno de Uruguay autorizó -sin consultar a Argentina- la instalación de esta fábrica a orillas de un río que comparten ambos países, se generó un conflicto internacional que llegó a la Corte Internacional de La Haya. Con los años y la afinidad política de los dos gobiernos se fue calmado, pero no quedó resuelto. Ambos países firmaron un acuerdo que tuvo un sorprendente mediador español, cuyo desprecio por las cuestiones ecológicas es proverbial: el rey Juan Carlos, quien “seguirá trabajando, con todo sus esfuerzo y sensibilidad, para mediar a fin de que Argentina y Uruguay mantengan el diálogo sobre el conflicto de la papelera Botnia” (Agencia EFE, 10 de noviembre de 2007).

El problema no es la fabricación de papel, sino el hacerlo sin control, lo que sucede (como la minería a cielo abierto), en países pobres, que no ponen restricciones, y que además proporcionan mano de obra más barata. Esto es lo que les permite a las fábricas los beneficios económicos récord que están teniendo.

El gran negocio (que no “la crisis”) del papel

Las fábricas de papel están teniendo resultados económicos fabulosos. Las españolas, a comienzos de 2023 ya tienen vendida toda la producción del año, las canadienses han explotado tanto los bosques, que no se les permiten talar más, por lo que compran la pasta de celulosa a Brasil. Las finlandesas se instalaron en Uruguay, que está al lado de Brasil, su nuevo proveedor. La papelera más grande del mundo, la estadounidense International Paper, en 2022 tuvo el récord de ganancias en sus 125 años de historia. Ventajas de un país donde el crecimiento industrial tiene prioridad sobre cualquier restricción ecológica.

Por eso la crisis del papel lo es para las editoriales, no para la papeleras, que redujeron la producción de papel solo para aumentar la de cartón. ¿Quién es el principal comprador de cartón en el mundo?: Amazon, que reemplazó el plástico por cartón en los embalajes.

Los llamados “efectos secundarios” a veces no lo son

La gran paradoja es cómo los cambios de hábitos de consumo a veces tienen unos efectos secundarios imprevisibles, como la desforestación sin control de la Amazonia, el gran pulmón ecológico del mundo, no solo de Brasil. El reciente cambio de gobierno en ese país quizás la pueda detener, pero no reparar. No será sencillo poner controles a un negocio que le deja a Brasil 30 mil millones de dólares cada año.

La deslocalización de las fábricas no resuelve el problema, ya que como la contaminación no reconoce fronteras, siguen contaminando lo mismo o más, desde otro lugar.