Cómo extraño, cada vez que llega esta fecha, el juego que durante más de 30 años sostuvimos Mario Benedetti y yo, consistente en quién llamaba primero al otro para felicitarlo, este día en que nuestros cumpleaños coincidían. Duró mucho tiempo, digo treinta años pero quizás fueron más, era un ritual estuviéramos en el lugar que fuera. El último año de vida de Mario no lo llamé, esperé unas cuantas horas para dejarlo ganar… pero no llamó. Cuando finalmente lo hice yo, no se acordaba que era 14 de septiembre.
Qué bonita anécdota para recordar a Mario y ¡qué suerte haber podido conocerlo!
Leo tu blog desde hace poco, pero ya me muero de envidia con estas amistades 🙂